¿Os habéis preguntado alguna vez lo que conlleva estudiar medicina?
Seguro que muchos de vosotros habéis escuchado (o dicho) en alguna ocasión por parte de familiares, amigos o conocidos algo así...:
"Estudiar medicina... estás loco... la carrera más larga... 6 años de estudio... más el MIR, más la especialización... más ponerte al día de las novedades durante toda la vida... estudiar siempre... ¡Qué horror!
A mí no me parece un horror... me parece que es la más bonita forma de vida que existe.
Muchos conoceréis este famoso texto que aquí os dejo hoy. A mí me encanta releerlo de vez en cuando y sobre todo detenerme al llegar al último párrafo donde siempre, siempre, siempre me emociono. Yo sí quise estudiar medicina a pesar de todos los inconvenientes que se me presentaban. Y hoy estoy orgullosa de haber escogido este camino y llegado al final... para ahora seguir caminando, seguir estudiando y seguir aprendiendo... Me encanta la medicina y no cambiaría este sentimiento por nada del mundo ^^
Consejos de Esculapio
”¿Quieres ser médico, hijo mío? Aspiración es
ésta de un alma generosa, de un espíritu ávido de ciencia.
¿Deseas que los hombres te tengan
por un Dios que alivia sus males y ahuyenta de ellos el espanto?
¿Has pensado
bien en lo que ha de ser tu vida?
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Pequeñita Nova ^^ |
Tendrás que
renunciar a la vida privada; mientras la mayoría
de los ciudadanos pueden, terminada su tarea, aislarse de los importunos, tu
puerta quedará siempre abierta a todos; a toda hora del día o de la noche vendrán
a turbar tu descanso, tus placeres, tu meditación;
ya no tendrás horas que dedicar a la familia, a la amistad o al
estudio; ya no te pertenecerás. Los pobres, acostumbrados
a padecer, no te llamarán sino en caso de urgencia;
pero los ricos te tratarán como a esclavo encargado
de remediar sus excesos. Habrás de mostrar interés por los
detalles más vulgares de su existencia, decidir si han de
comer ternera o cordero, si han de andar de tal o cual modo cuando se pasean.
No podrás ir al teatro, ausentarte de la ciudad, ni estar
enfermo; tendrás que estar siempre listo para acudir tan pronto
como te llame tu amo.
Eras severo en la elección de tus amigos; buscabas la
sociedad de los hombres de talento, de artistas, de almas delicadas; en
adelante, no podrás desechar a los fastidiosos,
a los escasos de inteligencia, a los despreciables. El malhechor tendrá tanto derecho a tu asistencia como el hombre
honrado: prolongarás vidas nefastas, y el
secreto de tu profesión te prohibirá impedir crímenes
de los que serás testigo.
Tienes fe en tu trabajo para conquistarte una reputación: ten presente que te juzgarán, no por tu ciencia, sino por las casualidades del
destino, por el corte de tu capa, por la apariencia de tu casa, por el número de tus criados, por la atención que dediques a las charlas y a los gustos de tu
clientela. Los habrá que desconfiarán de ti si no usas barba, otros si no vienes de
Asia; otros, si crees en los dioses; otros, si no crees en ellos. Te gusta la
sencillez: habrás de tomar la actitud de un augur. Eres activo,
sabes lo que vale el tiempo: no habrás de
manifestar fastidio ni impaciencia; tendrás que
soportar relatos que arranquen del principio de los tiempos para explicarte un
cólico; ociosos te consultarán por el solo placer de charlar. Serás el vertedero de sus disgustos, de sus nimias
vanidades.
Sientes pasión por la verdad, ya no podrás decirla. Tendrás
que ocultar a algunos la gravedad de su mal; a otros, su insignificancia, pues
les molestaría. Habrás de
ocultar secretos que posees, consentir en parecer burlado, ignorante, cómplice. Aunque la Medicina es una ciencia oscura, a
quien los esfuerzos de sus fieles van iluminando de siglo en siglo, no te será permitido dudar nunca, so pena de perder todo
crédito. Si no afirmas que conoces la naturaleza de la enfermedad, que posees
un remedio infalible para curarla, el vulgo irá
a charlatanes que venden la mentira que necesita. No cuentes con
agradecimientos: cuando el enfermo sana, la curación es debida a su robustez; si muere, tú eres el que lo ha matado. Mientras está en peligro te trata como un dios, te suplica, te
promete, te colma de halagos; no bien está en
convalecencia, ya le estorbas, y cuando se trata de pagar los cuidados que le
has prodigado, se enfada y te denigra.
Te compadezco si sientes afán por la belleza: verás
lo más feo y repugnante que hay en la especie humana,
todos tus sentidos serán maltratados. Habrás de pegar tu oído
contra el sudor de pechos sucios, respirar el olor de míseras viviendas, los perfumes harto subidos de las
cortesanas, palpar tumores, curar llagas verdes de pus, fijar tu mirada y tu
olfato en inmundicias, meter el dedo en muchos sitios. Cuantas veces, un día hermoso, lleno de sol y perfumado, o bien al
salir del teatro, de una pieza de Sófocles,
te llamarán para un hombre, que molestado por dolores de
vientre, pondrá ante tus ojos un bacín
nauseabundo; diciéndote satisfecho: “Gracias a que he tenido la precaución de no tirarlo”. Recuerda, entonces, que habrá de parecer que te interesa mucho aquella deyección.
Hasta la belleza misma de las mujeres, consuelo del hombre, se desvanecerá para ti. Las verás
por la mañana desgreñadas,
desencajadas, desprovistas de sus bellos colores y olvidando sobre los muebles
parte de sus atractivos. Cesarán de ser diosas para
convertirse en pobres seres afligidos de miserias sin gracia. Sentirás por ellas más
compasión que deseos. Tu vida transcurrirá como a la sombra de la muerte, entre el dolor de
los cuerpos y de las almas, entre los duelos y la hipocresía que calcula a la cabecera de los agonizantes: la
raza humana es un Prometeo desgarrado por los buitres. Te verás solo en tus tristezas, solo en tus estudios, solo
en medio del egoísmo humano. Ni siquiera
encontrarás apoyo entre los médicos, que se hacen sorda
guerra por interés o por orgullo.
Únicamente la conciencia de
aliviar males podrá
sostenerte en tus fatigas. Piensa mientras estás a tiempo; pero si, indiferente a la fortuna, a los placeres de la
juventud; si sabiendo que te verás solo entre las fieras humanas, tienes un alma bastante estoica para
satisfacerse con el deber cumplido sin ilusiones; si te juzgas bien pagado con
la dicha de una madre, con una cara que sonríe porque ya no padece, o con la paz de un moribundo a quien le ocultas
la llegada de su muerte: si ansías
conocer, penetrar todo lo trágico
de su destino, entonces sí…
¡Hazte médico, hijo mío!”.
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Futura doctora... ahora ya sí: Dra. Nova ^^ |