Mostrando entradas con la etiqueta Niños. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Niños. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de septiembre de 2025

Tus alas, mi vértigo

Aluvión de sensaciones que remueven por dentro.. que descomponen el alma para volver a mirar en mi interior; ese interior que en ocasiones prefiero ignorar por las prisas del día a día. Hoy de frente me encara, me hace parar, mirarme, sentirme, respirar. Porque es difícil exponer con palabras lo que estoy sintiendo; las lágrimas salen fácil, como si hubiesen estado retenidas durante meses para brotar hoy, así, sin aviso y sin descanso. 

Quien me iba a decir a mí que después de casi 3 años de fuerza y energía iba a darme un vuelco así el corazón en un día tan simple. Tan sólo unos minutos de cole han bastado para descolocarme. ¿Por qué?

Ni la separación por la incorporación al trabajo cuando tenías tan solo 6 meses me costó tanto. Eran horas separadas después de una vida juntas; mantener la lactancia, lidiar con el sueño, volver a coger el ritmo en la profesión… Superado.
Nos hemos separado varios días, varias noches… hasta un fin de semana entero por trabajo, 48 horas en ciudades distintas. Siempre bien cuidada con papá y los abuelos; siempre contenta. Yo siempre tranquila, creando tu propio espacio y el mío. 
Tus clases de inglés semanales, tus ratitos de independencia… Fácil. Lo pones todo fácil.

Y hoy, tan sólo 40 minutos de adaptación escolar… me deshacen. Me zarandean como si fuese una pluma en medio de una corriente de viento, sin poder agarrarme a nada. Y no entiendo el por qué. 

Hoy te he visto volar igual de feliz y segura que siempre; pisando fuerte con tu personalidad arrolladora y tu independencia. Sonriendo, abierta a lo desconocido con curiosidad y con calma. Tus detalles, tu carisma… Y sé que lo estoy haciendo bien. Verte crecer con tus cualidades hace que me sienta orgullosa, por ti y por mí, por nosotras.

Adaptación… adaptación necesito yo para transitar todo esto que revolotea en mi alma y en mi mente. Por suerte puedo contar con unos días de vacaciones para digerirlo, porque tú estás lista mi niña. 
Tus alas, mi vértigo.

Gracias Makenna por ponerlo todo tan fácil; gracias por acompañarme con esa inteligencia emocional tan impactante, con tu cariño especial… 

Porque hoy, mientras descansamos en el sofá tomando tetita, vuelves a mirarme así, con tus ojos grandes y profundos, como cuando viste la luz del mundo por primera vez aquella noche en ese quirófano y te encontraste conmigo… Con esos ojos penetrantes, en silencio pero vivos y llenos de conocimiento… como si me leyeras la mente. 
Te quiero con toda mi alma.

Feliz comienzo de etapa escolar, valiente Makenna.

viernes, 2 de diciembre de 2022

Relato de Mi parto: Nacimiento de Makenna

 “Deseaba con todas mis fuerzas iniciar el trabajo de parto de forma espontánea en casa y poder conocer qué se sentía con las primeras contracciones… Quería poder poner en práctica toda la preparación consciente que había realizado durante el embarazo (hipnoparto, respiraciones, visualizaciones, relajación, movimiento libre…) Pero también tenía la mente abierta a cualquier posibilidad, incluidos contratiempos, adversidades y complicaciones… para poder vivir el nacimiento de mi hija de una forma positiva ocurriese de un modo u otro; y así fue.”

La madrugada del 3 de Octubre de 2022, 4:30h am, me desperté con sensación de dolor menstrual que se repetía cada 6-7 minutos. Tras ir al baño, beber algo fresco, intentar volver a dormir sin conseguirlo y ver que se repetían de forma continua, supe que el momento había llegado. Comenzaba el viaje de Makenna hacia el otro lado de la piel… 

Acomodamos la habitación con luz tenue, pusimos la lista de música relajante que habíamos escuchado durante el embarazo, encendimos una vela, conectamos el humidificador con aceites esenciales… A mi alcance la pelota de pilates y la bolita miofascial (de pinchitos) Desayuné para coger fuerzas y me sentó muy bien. Mi marido calentaba los saquitos de semillas cada vez que se lo pedía, me traía agua, frutos secos… Qué bonito recuerdo, papá con nosotras cuidándonos. 

Las contracciones eran continuas sin descanso pero irregulares: 5 min - 7 min- 2 min - 4 min, y de unos 45 segundos de duración. Algunas dolían más que otras pero sentía que cada vez las toleraba mejor con la respiración y los cambios de movimiento libre. El dolor abdominal bajo tipo “dolor menstrual” se fue irradiando hacia las lumbares, de modo que con cada ola me aliviaba muchísimo la presión en la espalda. Fui cambiando de postura según me pedía el cuerpo, apoyada en la pelota y ésta a su vez en la pared, o en cuclillas. Entre contracción y contracción me encontraba bien. Estuve releyendo algunos capítulos de libros de maternidad para relajarme. Fui al baño en múltiples ocasiones, sin dolor ni malestar; sabía que mi cuerpo se estaba “autolimpiando” de modo que verificaba que no es necesario poner enemas de rutina, el cuerpo es sabio. Me di una ducha caliente para relajarme. Era consciente de que estaba transitando la primera parte del parto tal cual había deseado: en mi casa, con mi pareja, con calma, tolerando cada “ola” con control y tranquilidad y repitiendo las afirmaciones positivas que tenía grabadas a fuego en mi memoria (después de haberlas tenido impresas por la casa los últimos meses del embarazo): 

“Soy una mujer fuerte y segura” 

“Mi bebé sabe cuándo y cómo nacer” 

“Somos un equipo” 

“Mi pareja me apoya” 

“Confío en mi cuerpo, mi instinto y mi bebé” 

“Con cada ola estoy más cerca de conocer a mi bebé…”  


La verdad es que el trabajo de hipnoparto me ayudó muchísimo a conocer y afrontar este camino tan desconocido. Me sentía segura y confiada.


Las horas pasaban y el ritmo de parto no se detenía, pero tampoco avanzaba. Comimos e intenté descansar un poco pero las contracciones no daban tregua y no soportaba estar tumbada… 8 min como máximo entre una y otra, y se aceleraban de nuevo. Por un lado estaba tranquila porque me encontraba bien y notaba que mi bebé se movía entre contracciones, pero por otro lado comencé a inquietarme un poco ya que con más de 12 horas de contracciones sin parar deberían haber aumentado el ritmo. Así que con esas dudas, decidimos ir al hospital sobre las 19h de la tarde; nos llevaron mis padres que estaban tan nerviosos y preocupados como si fuera su propio parto. 


Pasé al triaje rapidísimo (sola…) y me decepcionó escuchar tras la exploración que tan sólo estaba de 2 cm. ¿Después de todo el día con contracciones sin descanso? No me gustó pero lo acepté. Me pasaron después durante casi una hora a una sala de observación para colocarme la monitorización fetal, en una cama junto a otras 4 o 5 mujeres. Sabía que era el procedimiento en ese hospital que yo había elegido, pero me sentía un poco vulnerable y sola… No obstante intenté durante todo el tiempo pensar en positivo, mi niña estaba en camino… 

El dolor de las contracciones durante ese tiempo se hizo más intenso, no me gustaba estar tumbada sin moverme, y el entorno tampoco ayudaba; intentaba controlarlo apretando fuerte la bola miofascial que me eché en el bolso; además tenía un calor sofocante que trataba de amortiguar con mi abanico. Intentaba concentrarme en respirar y evitar pensar en los inconvenientes. Después de ese tiempo, me dijeron que saliera a la sala de espera, en la que por suerte no había mucha gente, hasta que me llamara el ginecólogo. Más tranquila al estar con mi marido y mi madre aguanté casi otra hora más de contracciones. Cuando por fin me llaman y me evalúa el ginecólogo ya estamos de 4 cm y todo va bien; agradezco su trato muy agradable, me explica todo con calma y gestiona el ingreso pronto. Son las 21-22h pm: cambio de ropa, camisón, pulsera, analítica, PCR covid y nos llevan a paritorios.

Es un paritorio muy amplio, individual y nos atiende una matrona muy amable que se presenta dulcemente y nos dice que esta noche es tranquila porque somos los únicos por ahora en la planta. Me explica todo muy bien y nos deja poner la lista de música y ponernos cómodos. Estaba tranquila y animada, pero a pesar de que iba con la idea de aguantar todo lo posible con mis métodos no farmacológicos, apareció una contracción dolorosísima y larga que hizo que junto con el cansancio acumulado de todo el día decidiese pedir la epidural. No imaginaba hasta entonces que era lo mejor que podía haber hecho.

La anestesista llegó rapidísimo y fue muy amable a la vez que delicada y empática permitiendo a mi marido que se quedase conmigo dándome la mano mientras me la ponía. Me transmitía mucha calma, me iba contando todo lo que iba haciendo a mi espalda y me decía que le encantaba la música que había puesto, que a ella también le relajaba. Detalles de humanidad que se agradecen tanto. Así sí, estaba tranquila, segura y en unos minutos desaparecieron totalmente los dolores; además podía mover las piernas; me puso la dosis ideal, aunque no me dejaran levantarme de la cama; ya quedaba menos para ver a mi niña.


Desafortunadamente las cosas se empezaron a enlentecer. Las contracciones se espaciaron, el monitor pita continuamente, mi tensión baja y mi bebé se resiente con bajadas de frecuencia cardiaca transitorias. Me pasan volumen intravenoso y me cambian de postura hacia un lado u otro, buscando la mejor opción para mi niña. Comienzo a ponerme un poco nerviosa.

A las 23.00 h aparecen dos ginecólogas nuevas que me exploran de forma desagradable y brusca (y agradezco entonces tener la epidural puesta y no sentir dolor) Hablan entre ellas, sin mirarme a la cara y sin dirigirse a mí, sigo en 4 cm y la cabeza está demasiado alta por lo que para acelerar el proceso van a romper la bolsa y colocar un monitor interno para monitorizar mejor al bebé. Les pregunto que me expliquen si es necesario, pues no quería tantas intervenciones… Me contestan con soberbia que sí; y además con ironía me preguntan que cuánto mido ¿? Porque la niña parece demasiado grande y yo soy muy bajita ¿? … Quise gritar. ¿En serio estaba escuchando esa estupidez grosera en un hospital de tercer nivel? Una rabia interna me empuja a debatirles, les digo de la forma más educada que puedo que soy pediatra y entiendo lo que médicamente está y lo que no está en los protocolos y sus caras cambian y se suaviza su intervención intentando ahora sí explicarme las cosas como debieran haber hecho en el momento que entraron a paritorio… pero lejos de enzarzarme en discusiones que enturbiasen el momento, y más bien por el miedo a que algo fuera mal con la niña por mi culpa, finalmente consiento, a pesar de la impotencia que sentía… Se marcharon y por suerte no las volvimos a ver.

Retomé mi actitud en calma concentrada en mis pensamientos positivos y en mi música junto a mi marido. La matrona entraba cada vez que el monitor pitaba, me tranquilizaba y me ayudaba a cambiar de postura, me exploró en otra ocasión y seguía sin cambios; avisó de nuevo a ginecología y esta vez fue el ginecólogo simpático de la urgencia, quien a partir de ahora me atendería hasta el final (menos mal). Mi niña estaba muy a gusto dentro de mí (a pesar de mi corta estatura que tanto molestó a esas dos ineptas)


Serían las 2.00h o 2.30h cuando comencé a sentir dolor en la pelvis con las contracciones. Aparece un rayo de luz en mi mente al decirme el doctor que quizá podría ser una señal de que la niña se hubiese encajado y todo estuviera progresando. Avisaron a anestesia para aumentarme un poco la epidural y que estuviera confortable. El rayo de luz duró poco, ya que se repetían los mismos 4 cm de dilatación. El ginecólogo intentó tranquilizarme y me dijo que podríamos esperar un poco más de tiempo, que a veces la cosa avanzaba después… Confié aunque en mi foro interno ya sabía lo que pasaría. Quería aguantar lo que fuese necesario para intentar un parto vaginal pero mi niña empezaba a resentirse y su monitor pitaba y pitaba aumentando mi ansiedad como pediatra y como madre. 

2.50h Aprovecho para hablar unos minutos por whatsapp con mi madre y distraerme un poco de ese sentimiento. Sabía que estaba despierta y nerviosa preguntando a mi marido de vez en cuando, y leerme a mí le daría un poco de paz y tranquilidad.


A las 3:00h la matrona me dice dulcemente que no me preocupe pero que va a volver a llamar al ginecólogo. Veo en su mirada nerviosa la preocupación y empieza a crecer en mí un sentimiento de angustia que quiero camuflar sobre todo para que mi marido me vea tranquila. Le digo que tengo un mal presentimiento, que son muchas horas y que probablemente tengan que acelerar todo… como para prepararle para el momento. Cuando llega el ginecólogo y me explora nuevamente, estando en los mismos 4 cm, me explica que llegados a este punto lo mejor para mí y para la niña es hacer una cesárea urgente dado que habitualmente suelen dejar unas 4 horas de evolución si no hay progresión en la dilatación y yo ya llevo 6 horas en el mismo punto desde que me vio él en la urgencia y la niña estaba empezando a sufrir de forma mantenida. Me lo explica todo tan bien y con tanta amabilidad que asiento sin rechistar. Quiero que mi bebé esté bien, lo mejor es que nazca cuanto antes.

Sonrío a mi marido al despedirme diciéndole que en breve tendremos a la niña; hará el piel con piel con él mientras yo esté en la sala de reanimación. Por dentro me muero de miedo pero sólo quiero pensar en lo positivo como había trabajado durante meses con hipnoparto, iba preparada para vivir cualquier camino con positividad y así iba a ser. Y grabo en mi interior ese último beso, su mirada y su caricia antes de que la camilla echara a andar.


Todo fue muy rápido; por el camino a quirófano la anestesista me puso un bolo más de anestesia por el catéter que ya tenía (si no hubiese pedido la epidural en su momento probablemente sería más complicado todo el procedimiento, quizá con anestesia general…) y me tranquilizó diciéndome que todo iría bien y en un par de horas estaríamos en la habitación los tres juntos. Al llegar me cambian de camilla y me ponen los brazos en cruz “para la vía y la tensión…” Sentimiento muy desagradable de estar atada, inmóvil…como había leído tantas veces… y me quitan mis gafas. Les digo con un hilillo de voz que soy pediatra y que me encantaría si fuese posible hacer piel con piel con la niña y pinzamiento tardío del cordón y me dicen que siempre lo intentan hacer... La camilla se mueve bruscamente de un lado a otro, me sorprende el tambaleo tan fuerte… me han avisado de que es incómodo “sentir esos movimientos” pero nada doloroso. Y es verdad, no me duele nada pero siento como me manipulan de forma agresiva y me aterroriza saber que me están abriendo en canal, teniendo en mi conciencia la cantidad de cesáreas que vi durante mi formación… segundos y “Aquí está” 

Makenna vio la luz al otro lado de mi piel a las 3:19h del 4 de Octubre de 2022.

Me enseñan su cabecita por encima de la sábana durante una milésima de segundo, cabecita que veo borrosa sin gafas, y se la llevan a la cuna de reanimación. Quise escuchar un ligero quejido pero no sé si fue una imaginación de mi subconsciente. La cuna estaba a escasos 2 metros de mí, pero mi miopía, sin gafas, no me permitía ver nada nítido. Ni pinzado tardío ni piel con piel. Fueron 20 segundos eternos hasta que oí su llanto fuerte y yo lloré con ella por tenerla lejos y no poder abrazarla ni olerla, ni siquiera verla... Pero está bien, me tranquilizaron las pediatras. Pedí por favor mis gafas y rogué que me pusieran a mi hija encima. Mientras alguien me decía que dejase de mover las piernas que me podían hacer daño… Supongo que de los nervios no era consciente de que estaba intentando salir corriendo hacia mi niña… Segundos de impotencia y rabia al ver que se entretenían en ponerle un gorro y pañal en lugar de dármela… Al menos no la pesaron en ese momento ni se entretuvieron en hacer más cosas. 


Finalmente me la colocaron encima, a la altura de mi cuello. Una auxiliar que estuvo pendiente de mí todo el tiempo tuvo el detalle de quitarme la mascarilla y pude besar a mi bebé preciosa una y otra vez en su carita. Intentaba olerla pero no podía pues yo tenía la nariz taponada de llorar. Recuerdo grabado a fuego intentar ver su cara y tenerla tan cerca que tan sólo podía ver su perfecto ojo derecho, muy abierto, de un profundo color negro mirando fijamente hacia un lado y cambiando la mirada hacia el otro lado. Sentir que estaba conmigo por fin en mi pecho, tranquila, observando el mundo… calmó parcialmente mi dolor a pesar de seguir atada. Disfruté cada minuto de su contacto. Me ofrecieron intentar que se enganchara al pecho, y aunque no lo conseguimos (agradecida por la ayuda de la auxiliar o enfermera, matrona… eran dos mujeres que estuvieron conmigo muy pendientes) el poder sentir ese contacto de su boquita con mi pecho durante ese tiempo, mientras a mí me terminaban de coser, me consoló, me calmó, me sanó y me llenó de fuerza. 


A las 4:00h terminó la cirugía y el ginecólogo me dijo que todo había ido bien, había perdido muy poca sangre y la recuperación esperaba que fuera favorable. Llegaba el momento de la separación, me tocaba estar 2 largas horas en la REA. En ese momento, afortunadamente por mi salud mental, lo viví con calma y positividad. Nada de lo que dijera podía cambiar “ese protocolo” así que tenía que pensar que la niña iba a estar esas 2 horas haciendo piel con piel con su papá, las mejores manos del mundo en las que confiaba que estaría tranquila y protegida. Y así, ella en su cuna y yo en mi cama, nos separaron. Y duele, duele mucho.


Cuando llegué a la REA me recibieron una enfermera y una auxiliar muy agradables. La anestesista me dice que a las 6:00h vendrá a darme el alta si va todo bien. Estoy yo sola en la sala. Nadie más… y no puedo evitar pensar qué impedimento tan doloroso, no permitir en ese momento tener a mi compañero de vida al lado dándome la mano junto a mi hija… Protocolos absurdos, arcaicos.

Me piden que descanse, pero es imposible. Cierro los ojos pero no puedo dormir, pienso y revivo una y otra vez el camino; intento poner en práctica alguna meditación, concentrarme en la respiración… quiero que el tiempo pase rápido, pero va muy lento. Pienso que me encuentro muy bien y tengo que estar contenta, ya queda menos; me toman la tensión cada cierto tiempo. Pregunto la hora y tan sólo han pasado 40 minutos. Agradezco en el alma la conversación de la auxiliar, contándome anécdotas y su experiencia positiva en la maternidad para que estuviese entretenida y se me pasara el tiempo más rápido… Gracias. 


Y llegan las 06.00h y la anestesista aparece cumpliendo su promesa, me revisa y me da el alta para subir a la habitación. Sentimiento de esperanza e ilusión por el pasillo, llegamos a la puerta de la habitación 5D03. Segundos eternos mientras sacan la cama vacía para meterme a mi, y al entrar por fin les veo. Mi niña bonita en brazos del amor de mi vida, que estuvo protegiéndola de todo, piel con piel, evitando que nadie la manipulase, ni la bañase ni la dieran biberón a pesar de tener hambre y las sugerencias y presión de parte del personal... Fue fuerte y cumplió lo que prometimos. Nos miramos a los ojos diciéndonos todo… tenemos una niña preciosa y sana. Makenna bonita, ve con mamá.

La matrona me ayuda a colocarme en la cama y por fin, juntas, la abrazo fuerte sobre mi pecho descubierto, se engancha con fuerza y me siento feliz; se borra toda la ansiedad de separación, todo merece la pena, todo tiene sentido… Felicidad absoluta y ya no te suelto nunca más; comienza nuestra vida juntas.


Los siguientes días me sentí muy bien emocionalmente, con una energía exuberante, positividad, viviendo todo el proceso con calma y sin culpa (a pesar del dolor de la cesárea) y doy gracias por haber vivido un postparto también muy positivo.


Pero a día de hoy, casi dos meses después, no puedo dejar de pensar en el por qué se sigue separando a las madres de sus hijos. No lo entiendo ni lo entenderé. Por qué me quitaron el privilegio de estar con mi niña en sus primeras horas de vida. Por qué en unos hospitales sí puede estar la pareja al lado de la madre en quirófano y en otros no; por qué mi marido tuvo que quedarse fuera sin ver el nacimiento de su hija y luego esperando 2-3 horas con angustia, soportando la incertidumbre de que no me pasara nada malo a mí. 

No hay respuestas.

Yo elegí ese hospital a conciencia por ser un buen hospital maternal y pediátrico con una potente UCI neonatal, sabiendo que lo más probable es que no la necesitara, pero yo estaría más tranquila. Sesgo de pediatra. Y sabía que si el camino se torcía hacia el lado que se torció, iba a tener que vivir esa separación. Sabía que en otros hospitales sí permiten a las parejas entrar a quirófano (si no es una urgencia vital) pero tenía que elegir entre todas las opciones. No es mi culpa. No es responsabilidad de las madres. Mi marido podría haber estado conmigo y con nuestra hija, sin molestar en una silla a mi lado en la REA si hubiesen querido y el servicio se adapta para ello. Y no se quiere por comodidad, por rutina, por "siempre se ha hecho así". Hay mucho que cambiar. Ojalá llenemos los hospitales de testimonios reales y reclamaciones para que dejen de pasar estas cosas y podamos tener en un futuro cesáreas humanizadas en todos los hospitales de España. 


Gracias a @comadronaenlaola por ayudarnos en estas reivindicaciones en su blog con este documento que os animo a descargar y presentar.

"No es fácil cambiar las costumbres, lo establecido, las creencias y resistencias. Pero si todos, todas y cada una lo presentamos, si seguimos solicitando, insistiendo, por las que vienen detrás, antes o después, los centros tendrán que cambiar y trabajar como aquellos lugares donde esto está normalizado. El derecho a la no separación y el acompañamiento"


¿Cómo reclamar? https://pediatriaparaandarporcasa.blogspot.com/2022/12/reclamaciones-salud-hazlo.html


Gracias a todos los profesionales que nos trataron con amabilidad, respeto y empatía, durante el parto y posteriormente en la planta de hospitalización, que fueron la mayoría.

Gracias a mis padres por estar siempre ahí para todo lo que necesito, en cualquier momento y en cualquier lugar. Por ser los mejores abuelos que mi niña podría tener.

Gracias a mi hermano y su mujer, por ser los mejores tíos del mundo, por mimarnos y ayudarnos continuamente sin pedir nada a cambio.

Gracias a mi negrito, por ser el mejor acompañante de vida que podía haber elegido y demostrármelo día tras día. Increíble marido y maravilloso papá.



Gracias Makenna por traer tanta felicidad a mi vida, como tu nombre indica. Por llenarme de ilusión, de paz y de esa energía de superación. Gracias por hacerme ser la mamá que siempre quise ser, por cumplir todos mis deseos. Me siento orgullosa de mi misma, me siento fuerte, empoderada, confiada y capaz, y es gracias a ti. Sé que ya he cometido algunos errores en tu corta vida, y muy probablemente seguiré metiendo la pata alguna que otra vez, sin darme cuenta por supuesto. Pero por favor, sigue mirándome siempre así cómo lo haces, con esos ojos grandes y profundos, igual que cuando viste la luz del mundo por primera vez aquella noche en ese quirófano y te encontraste conmigo... Te quiero.

sábado, 30 de noviembre de 2019

Burnout en Pediatría... Vivido, afrontado y ¿superado?

Increíble, pero cierto. Dos años más tarde aparezco por aquí... 
Lo sé. Es imposible resumir en unas líneas todo lo importante acontecido en estos meses... Pero al menos, intentaré dar unas pinceladas. 
Hoy, que me siento contenta, afortunada, satisfecha conmigo misma, e increíblemente valorada por todo mi alrededor, me apetece contaros lo negativo, los baches, los altibajos, lo oscuro del camino... como siempre, por si puede ayudar a alguien que pueda sentirse reflejado. Es sencillo verbalizarlo "a toro pasado" pero muy difícil ser consciente y exponerlo cuando se está dentro del bucle del "Burnout".

Porque no todo es color de rosa. Este diario se paralizó a finales de 2017, prácticamente tras el fin de la residencia y mis comienzos como "adjuntilla" con muy buenas sensaciones y con ganas de avanzar. Tenía un contrato de guardias de especialidad que me permitía seguir formándome un año más en el ámbito digestivo a costa de ir gratuitamente por las mañanas. Una oportunidad ideal para seguir en el hospital mejor valorado de España durante 6 años consecutivos (los mismos que ha durado mi estancia en él :p )
Al principio se lleva bien. La residencia se queda muy corta en una especialidad tan amplia y generalista y más en un hospital tan súper-especializado y se valora la oportunidad de mantener asistencia sanitaria y formación allí, crear curriculum, aumentar experiencia, se puede considerar como si se hiciera un máster. Los primeros meses los recuerdo como un verdadero aprendizaje exponencial a diario. El aumento de la responsabilidad como adjunta, supervisar residentes, aprender de ellos, seguir estudiando, congresos... Pero con el paso del tiempo, es una situación que cansa. Y frustra. Frustra mucho. Sobre todo sentir que estás "trabajando gratis" por conseguir unos méritos, una formación, un reconocimiento que quizá no sean lo que a ti te hace feliz...

Para compensar el tema económico, pues el sueldo de 5 guardias no da para mucho, inicié mi andadura en la sanidad privada a comienzos de 2018. Esto me devolvió la chispa y la ilusión que me faltaban. Un cambio, un vértigo increíble y una aceptable remuneración. Mi propia consulta, mis pacientes, mis endoscopias. Siempre había estado "protegida" por todo lo que conlleva estar en un gran hospital universitario y entonces me enfrenté a mí misma como médico en solitario. Igualmente en las guardias en un hospital diferente, con uno o dos compañeros o incluso algunos días sola, sin apenas especialistas presenciales, sin UCI pediátrica... sin todas las comodidades a las que estaba acostumbrada. Un reto del que realmente me siento orgullosa y que a día de hoy me satisface y me enriquece. El equipo de compañeros es genial, la flexibilidad a la hora de cambiar consultas, compatibilizar guardias (turnos de 6-12h! porque NO realizamos guardias de 24 horas como en la sanidad pública, salvo quien quiere hacerlo de forma voluntaria) es inmejorable y estoy muy a gusto.

Así pasaron los meses y por circunstancias diversas lo que iba a ser un año de guardias, se prolongó a dos años con una mejoría parcial en cuanto al contrato económico los últimos meses, pero insuficiente en cuanto al reconocimiento profesional. Y un ritmo tan frenético no se puede aguantar mucho tiempo. Intenté abarcar demasiado con ambos trabajos, saliendo de guardia de un sitio, me iba a pasar consulta al otro, guardias casi todos los fines de semana... y me involucré creo que demasiado emocionalmente. Además, el servicio de Gastroenterología se dividió y me quedé en la sección de Rehabilitación y Trasplante Intestinal (sí, aquella sección que conocí tímidamente como R2 y que os decía en esta entrada que era complicadísima e imposible de manejar, inalcanzable para mi... ) Pues ahí estaba yo, pautando nutriciones parenterales como si fueran antitérmicos y manejando inmunosupresores... como adjunta en ese pasillo tan especial de la P1 que se ha ganado un trocito de mi corazón (y buena parte de mi cerebro) 
Dí todo lo que pude de mi, médicamente y personalmente. Tanto, que me empezó a pasar factura. Quería hacerlo bien y la carga de trabajo y la responsabilidad cada vez eran mayores; me implicaba con los pacientes cada vez más y con sus familias, durante las guardias entraba a charlar con ellos o "a jugar un rato", me llevaba su sufrimiento a casa, la presión me podía... ingresos muy prolongados, informes inacabables... y cada vez que vivía una pérdida... me costaba reponerme, cada caso más duro... Empecé a tener problemas de sueño, una labilidad emocional que se me escapaba de las manos, y quizá en parte por las circunstancias burocráticas no me sentía valorada profesionalmente para todo el esfuerzo que di. Por todo ello, vi peligrar mi salud mental. Sí que me sentía querida y reconocida por los pacientes y mis compañeros. Mención especial al equipo de enfermería y auxiliares que echo tantísimo de menos y con los que era una gozada trabajar codo con codo, a la hora que fuese. Y también a los residentes que venían tras de mí, a los que siempre en la medida de mis posibilidades intentaba aportar mi granito de arena para enseñarles algo y mostrarles el lado bueno, a pesar de que veían en mí claramente el malestar y saturación mental que no podía ocultar, siempre me mostraron su cariño en mis momentos de flaqueza.
Pero no era feliz. Y llegué a replantearme si de verdad valía para ser médico o si me había equivocado de camino y debería haber hecho magisterio... En mi opinión, la empatía es esencial para ser un buen médico pero creo que de una forma tan intensa es complicado llevarlo... al menos mi perfil personal no creo que sea el adecuado para estar en una unidad de referencia así de potente por  todo lo que implica. 

Maldito Bournout... definido tal cual exactamente en esta publicación de Anales de Pediatría: "Se caracteriza por cansancio emocional, despersonalización y disminución o pérdida del sentimiento de realización personal"  No se puede definir mejor. He vivido en mis carnes la definición al completo, y lo difícil es reconocer, asumir y parar el bucle para salir de esa situación.
(...) 
Y cuando lo reconoces y lo asumes... ¿Cómo sales de ahí? Me costó tomar la decisión... Fueron muchos meses dándole vueltas a la cabeza. Echaba de menos ese sentimiento tan precioso que describí aquí en 2011 cuando decidí que quería ser pediatra porque me había enamorado del Centro de Salud... ¿Dónde estaba aquella Miriam y su ilusión? No podía estar todo perdido... Pero, ¿cómo iba a dejar voluntariamente el gran hospital de tercer nivel en el que la gran mayoría anhela estar para probar la tan maltratada y poco valorada Atención Primaria en un Centro de Salud...? Y creerme que esa frase no sólo resonaba en mi cabeza sino que la escuchaba más de una vez... Y me sentía culpable por no poder/querer ser lo que la gente esperaba de mi... 

Pero una vez más, quizá tarde o quizá no, lo hice. Pensé en mí, fui valiente. Puse una fecha inamovible, 31 de Mayo, y me marché a desconectar y a recuperarme. Y resurgiendo de mis cenizas como el Ave fénix he vuelto a encontrarme a mí misma y a ser feliz. 
He pasado 4 meses y medio en un Centro de Salud cubriendo una baja y he recuperado automáticamente mi esencia. Me siento renovada, descansada, ilusionada... He vuelto a estudiar con ganas, he aprendido muchísimo de puericultura y de la pediatría de a pie, que en el fondo es lo que me enamoró de la especialidad; he sido tutora docente de una residente de medicina de familia durante un par de meses, y me siento realizada realmente como pediatra y como persona. Ayer se acabó mi contrato y me llevo una sensación tan tan positiva de esta breve etapa... que no puedo expresar con palabras, gracias a los compañeros del centro (pediatras, médicos de familia, enfermería, administradoras, seguridad) y la buena acogida de los pacientes. 
Sigo manteniendo mi consulta de Gastroenterología Pediátrica que me encanta ya que no quiero perder mi parte "digestiva", y haciendo turnos de guardias de Urgencias, pero mucho menos frecuentes, más tranquila y sin estrés. Voy a tomarme Diciembre de forma "light" para a partir de Enero buscar nuevas oportunidades en otros centros.

No ha sido fácil, he tenido momentos duros y lo he pasado mal, pero a día de hoy no me arrepiento de nada y es posible que volviera a repetir cada paso que di. Creo que todo el aprendizaje tanto profesional como personal que me llevo a cuestas, es incalculable. Y el vínculo tan especial que conseguí crear y desarrollar con los pacientes y sus familias durante esos 2 años lo llevaré conmigo siempre y me ha dado unas tablas para tratar con las familias que sé que me servirá en cualquier ámbito y en cualquier sitio donde desarrolle mi profesión. 

A día de hoy, sigo pensando que la Pediatría es la especialidad más bonita que existe. En cualquiera de sus formas, en cualquiera de sus vertientes. 

Me gustaría dar las gracias por aquí al Dr. Desastre de "El paciente y tú", compañero de batallas "blogosféricas" desde hace años y que hace unos días tuve el placer de volver a leer, transmitiéndome ese empujón que necesitaba para retomar la página en blanco y volver a escribir unas líneas públicamente. Porque sí, esta profesión está llena de altibajos emocionales y es bueno mostrarlos y exponerlos. Porque como él, y como yo... muchos compañeros de profesión pasamos por estos sentimientos encontrados que mucha gente puede entender pero por miedo/vergüenza/culpabilidad silenciamos.    

Echarle un ojo a su nuevo espacio (Diario de un #2MIR20) 
¡Mucho ánimo en tu nuevo camino!


Y ahora... a celebrar mi cumpleaños como me gusta sentirme... Renovada y feliz! Y a por otra etapa... Felices 32! :)


P.D. Mañana me presento a la OPE de Atención Primaria de la Comunidad de Madrid. No he estudiado mucho... pero voy con ganas de autoevaluarme a ver qué sale! Ojalá hubiese seguido un ritmo de estudio como en el MIR.... benditos años atrás!! :P

Un abrazo a todos lo que hayáis leído hasta aquí.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

¿Y qué fue de la Doctora Nova?

¿Qué fue de mí? Aquella estudiante motivada que no paraba de escribir cosas positivas? Que siempre sacaba un huequito para contaros cosas del hospital, anécdotas de estudio y del día a día...

Aquí estoy; agotada. Con el síndrome del R4 a escaso medio año de terminar la residencia... Con la sensación de saber poco... más bien nada... Con el cansancio acumulado de 7 guardias al mes, muchas sin librar; de no tener tiempo para llevar al día las sesiones, los cursos, los trabajos, estudiar... de no poder quedar con los amigos o ver a la familia tanto como quisiera... Con la responsabilidad de tener que supervisar a los residentes pequeños en las guardias sabiendo que en unos meses el "ser la súper" se convertirá en "ser la adjunta"... Con la inseguridad y la incertidumbre de lo venidero...
Con la sensación amarga de conocer el sentimiento de vivir de cerca con los pacientes y sus familias, cogerles cariño por estar incluida todo el tiempo en el mismo servicio... y sentir el dolor al verles empeorar... sufrir... Verles fallecer...

(...) En ocasiones quemada... pero FELIZ!

Y aquí estoy... Cumpliendo años! Los Veinti-todos!
Independizada! Y... Prometida! Que me caso con mi negrito el año que viene!

Comenzando el último año de una década increíble... porque a pesar de todos los momentos de agobio y estrés... de lo duro de la vida profesional y de los cambios en la vida personal, ha sido un año mágico, lleno de progresos y de avances :)
Preparada para lo que venga :D


¡¡¡ Bienvenidos 29 !!!

P.D. Gracias a los que seguís por aquí dando vida a este blog.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Finalizando R3...

A punto de comenzar la recta final...

Dejando atrás un año más... Se despiden nuestros mayores para dejarnos paso a los siguientes...

Este año de residencia ha sido totalmente diferente a los anteriores. Quizá porque yo también me he sentido diferente. No he pasado por aquí a contaros prácticamente nada, y ahora no sé cómo resumir tanto en unas líneas... 
Regalito CoRs
Ha sido un año con rotaciones variadas: de consulta tranquila "Neurología, Dermatología y Endocrinología" y de rotaciones complejas con estrés como estos últimos 6 meses en "Los Cuidados Intensivos Pediátricos y Neonatales".
Todas muy diferentes. Si tengo que destacar donde más cómoda estuve, en Endocrino sin duda. Servicio muy muy docente, con muy buen ambiente y con una clínica que me gustó mucho. Y donde peor lo he pasado... En los Cuidados Intensivos. La gravedad de esos pacientes... puede conmigo.  Asombrosamente, me ha gustado más de lo que pensaba la UCI neonatal, con esos pequeños pacientes de hasta 500 gramos... que era lo que más miedo me daba... lo he llevado aceptablemente bien, pero he confirmado que el estrés no es lo mío. Lo peor, las guardias. El no dormir, el estrés de actuar de inmediato ante situaciones críticas... el pasar noches en vela mirando monitores... He sentido en muchas ocasiones impotencia y malestar de saber que no valgo para ello...  Prefiero una guardia mala de Urgencias, dónde me siento algo más útil, que las de UCI donde me siento un poco estorbo... Confieso que en ocasiones he llegado a pensar que me había equivocado y debería haber elegido Magisterio... Pero bueno, son momentos de bajón, hay que pasar por todo y es imprescindible conocer de cerca esas situaciones. Además, durante el próximo año seguiremos haciendo guardias por allí, así que más vale que me haga fuerte emocionalmente...

Por otro lado, el mes pasado realicé mi primera guardia de Urgencias como Súper (Figura de R4 supervisando a los pequeños...) Increíble pensar que hace tan sólo 3 años os contaba como era yo la que tenía que preguntar todo a los mayores... Mucho cambio, mucha responsabilidad este año... Nuevamente vértigo y miedo al cambio... pero me veo con fuerza e ilusión.

Termino así mi R3. Ahora cojo vacaciones, me voy lejoooos varios días, desconexión total, y cuando vuelva me incorporaré directamente al que será mi servicio este año: Gastroenterología Pediátrica. Con muchas ganas de centrarme en la subespecialidad, donde también tendré pacientes complejos como los peques trasplantados... pero confío en que será diferente :)

Por lo demás, todo va sobre ruedas! No puedo quejarme :) Si algo ha tenido de especial este año de residencia, es que me he centrado mucho más en mi vida personal, y eso me ha reforzado mucho. Soy feliz, me siento plena, realizada, creciendo día a día emocionalmente y con una bellísima persona a mi lado que me aporta todo lo que necesito y lo que jamás pensé que existiría  :) 

Gracias a los que seguís por aquí, a pesar de mis largos silencios... siempre me engrandece ver mensajitos en el correo o en las redes. 

A todos los que finalizan en estos días... Que os vaya bonito! 
A los que pronto os incorporáis... Bienvenidos! Disfrutar cada instante, que pasa tan rápido...!

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Urgencias Pediátricas en el Puente de Diciembre = Infierno ¿Tolerable?

Dicen que un residente de Pediatría no sabe lo que es "su profesión" hasta que no vive en sus carnes las guardias de Urgencias del puente de Diciembre... Es así. Todas las guardias del periodo invernal son fastidiadas... unas más que otras... pero en el puente se alinean los astros y en la Urgencia del Infantil explota todo :P

A mí me ha tocado este año y puedo decir que... Prueba superada! Doblete intensivo de guardias de 24 horas (Domingo y Martes...) y sin librar hoy miércoles por el curso de Cuidados Intensivos que tenemos por las mañanas al que no podemos 
faltar. Con 3 cafés esta mañana y sujetándome los párpados pero... ¡Soy una más... ResiSuperviviente!


Y tengo que decir que no ha sido tan horrible... 
Bueno sí, lo ha sido... un Infierno... 250 pacientes de media al día, listas de espera de 4 horas; hospital colapsado sin camas, traslados de pacientes por todos los hospitales de Madrid; boxes colapsados por sospechas de tos ferina; box de aerosoles (enano) lleno hasta los topes de niños, de padres y de virus obviamente... (dichosas bronquiolitis) pero lo he llevado bastante bien por la buena organización y el trabajo en equipo que hemos tenido (al menos así me ha parecido en mis guardias).

Ya os he contado en muchas ocasiones como distribuímos nuestras guardias (residentes, el R4 supervisor y un adjunto). Actualmente los días festivos hay otro adjunto más de refuerzo. En guardias igual de malas, es básico y marca la diferencia el cómo se gestione el tiempo, la colaboración entre compañeros, el ambiente de trabajo y los periodos de descanso.

Todos nos agobiamos en estas guardias; hay un estrés continuo a nuestro alrededor; además contamos con la gran limitación de una infraestructura física ENANA que es una vergüenza para un hospital como La Paz, un box mínimo de observación con 2 camas y 5-6 cunitas: (os recuerdo: 250 pacientes al día = 2 camas) Vemos pacientes por los pasillos... es complicado manejar el espacio y trabajar en condiciones. Por no hablar del colapso de camas y la negación de abrir más camas y contratar a personal para cubrir asistencia cuando día tras día tenemos que trasladar pacientes... Esto es así.
Si además, le sumamos ambiente de negatividad, histeria y locura, estamos perdidos.

Cuando influimos en este último punto de forma positiva (ambiente) cambia todo y hace que una guardia infernal... se convierta en una guardia dura, intensa pero bien llevada. Por eso, para mí no ha sido tan horroroso trabajar este puente y debo dar las Gracias a todos los compañeros que lo han hecho posible: en primer lugar a los adjuntos que hemos tenido y R4 (súper) por mantener la calma y organización; por trabajar sin parar y ver niños como los residentes hasta la madrugada además de ocuparse de la gestión y la burocracia; por respetar los turnos de descanso (desayuno, comida y cena) más breves, en lugar de 1 hora y 2 turnos, pues 30-40 minutos y 3 turnos; además de periodos de descanso a media tarde (en lugar de media hora pues 5-10 minutos para tomar el aire de forma individual). Y si lo resalto es porque esto no se puede decir todos los días. Gracias a los compis residentes que han trabajado como jabatos a pesar del cansancio y a los resis peques por aguantar el tirón a pesar del "miedo" que se trae en el cuerpo sólo por ser R1 y sin perder el buen humor. Gracias a enfermería y auxiliares que nos han ayudado a "encerrarnos en boxes" y nos iban pasando pacientes, desvistiéndolos, tomando constantes para ganar tiempo y agilizar... además de colarnos algún zumito para no quedarnos secos! Ojalá fuese así siempre!

Gracias al buen equipo en general por esas frases de ánimo entre pasillos, que son frases hechas quizá sin contenido.... pero suben el ánimo y motivan al personal "Vamos qué podemos" "Ya queda menos" "Estamos trabajando bien chicos"; por esas sonrisas nerviosas cuando el caos se apodera de todo... Gracias por las patatas y chucherías que dejáis en la mesa y nos evitan la hipoglucemia!

En fin... Parece que estoy con Síndrome de Estocolmo... xD Pero es así...

Muerta de cansancio pero satisfecha con el trabajo realizado y cómo lo hemos llevado a pesar de las adversidades.
¡Buen equipo!



P.D. Para saber un poco más de la Bronquiolitis:

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Rotación Gastroenterología Infantil (R2)

(...) Recordando la última rotación por la que pasé como residente de 2º año: Gastroenterología Infantil. (Marzo-Abril-Mayo 2015).

Una rotación que me gustó muchísimo y de la que salí muy contenta tanto por la diversidad de patología que se ve en el Servicio, como por el ambiente y el buen trato que se nos da a los residentes. Tanto es así que, como también me gustó mucho la rotación por Hepatología, y me he quedado con ganas de pasar por Nutrición que en nuestro hospital son unidades independientes... creo que escoger como subespecialidad pediátrica Gastroenterología (con su rotación complementaria en Hepatología y Nutrición) será para mí la opción ideal para formarme durante mi 4º año de residencia. Tenemos la reunión definitiva dentro de unos días para elegir la subespecialidad pero ya hace tiempo que lo tengo claro :) 
Aún tengo que pasar por las UVIs (acabo de comenzar en intensivos pediátricos) y todos los compañeros dicen que son especialidades que enganchan... pero aunque me gustase el paso como rotatorio en cuidados intensivos, sé que mi personalidad no encajaría en ese perfil tantísimo como para que cambiase de opinión y quisiera dedicarme a ello. Así que la decisión está tomada, y si no hay problemas de última hora... profundizaré en el tubo digestivo pediátrico el próximo año :D

La rotación de R2 se divide en dos partes muy diferentes: 
-Consulta: Pasé el primer mes y medio por allí y estuve comodísima. Motivos de consulta la mayoría sencillos, adecuados al manejo de Atención Primaria: intolerancia a proteína de leche de vaca, vómitos, diarrea, dolor abdominal funcional, estreñimiento, enfermedad celíaca, reflujo gastroesofágico... Temas sencillos pero claves en pediatría. Y luego también numerosos casos interesantes y de seguimiento más complejo, síndromes, pacientes crónicos... Como en la mayoría de las consultas, historia y exploración de los pacientes nuevos y las revisiones y posteriormente comentar con el adjunto la actitud a seguir y la necesidad de pruebas complementarias. Genial la docencia impartida con cada paciente por parte del adjunto, día tras día. Además, podíamos ver los resultados con él (cuando no había mucha lista de espera) y se nos comentaban casos interesantes.
Es en una de las rotaciones donde creo que más "independencia" se consigue a la hora de tratar con los pacientes, a pesar de que se consulta todo, al final se acaba cogiendo seguridad a la hora de manejar distintos tipos de pacientes y tomando decisiones propias, y eso gusta. Además, en mi caso tuve suerte porque estuvimos pocos rotantes a la vez (un coR y yo con una rotante externa de Perú (majísima por ciertooo que nos traía comidita rica peruana ;) ) por lo que pasábamos la consulta prácticamente solos o en pareja, no como en otros servicios en los que estamos 5 personas en una misma consulta. Si bien es cierto que depende de los meses y de la gente que haya en ese momento en el Servicio.

-Planta: la segunda parte de la rotación, otro mes y medio. Muy difícil. Manejo de pacientes con brotes de enfermedad inflamatoria intestinal, pseudoobstrucción, malrotaciones, reagudizaciones en pacientes crónicos, manejo de la nutrición enteral y parenteral... Y lo más complejo del servicio y de casi todo el hospital infantil: comprende la unidad de rehabilitación intestinal y los pacientes con trasplante multivisceral (único Centro en España donde se realiza) lo que añade un grado de complejidad extremo a la rotación.
Es por ello, que en la planta siempre estamos con los adjuntos, se hace un pase todas las mañanas se comentan los pacientes, y después al pasar visita también se toman las decisiones en conjunto, aunque siempre cada adjunto tiene asignados unos pacientes, los llevan en "consenso" Se hacen sesiones semanales con el Servicio de Cirugía Pediátrica que es esencial para el manejo de estos pacientes. Nosotros los residentes, pasamos los evolutivos, historiamos, realizamos informes e intentamos aprender todo lo posible sobre los cálculos de pérdidas de líquidos, parenterales y sueros varios. Pero es prácticamente imposible asimilar tanta información en un mes y medio. 

Además, también se ven interconsultas de pacientes externos, de Neonatología, de Cuidados Intensivos... etc.  Y en alguna ocasión, aunque no frecuentemente, también pudimos observar la realización de técnicas intervencionistas: endoscopias, colonoscopias, ileoscopias en pacientes trasplantados... aunque todo esto es más anecdótico y restringido para los R2 y más específico para residentes de especialidad y adjuntos jóvenes.

Una especialidad como podréis imaginar muy amplia, muy completa, por un lado con su parte bastante general, básica para el pediatra de Centro de Salud por los motivos tan frecuentes de consulta que se ven. Y por otro lado con patología muy compleja y extremadamente interesante, quizá por el sesgo añadido como siempre que tiene trabajar en este hospital en el que se reciben todos los casos raros, extremos y de difícil manejo, que hace que el día a día sea tan peculiar. Supongo que en hospitales más pequeños el groso de la Gastro será la patología sencilla... pero bueno, hay que aprovechar la oportunidad de tratar con pacientes complejos aunque sea díficil y a veces nos sintamos, al menos yo, perdidos completamente.
No pretendo ser una eminencia en Aparato Digestivo ni experta en el trasplante multivisceral... que me parece algo inalcanzable... pero intentaré aprender todo lo que pueda por lo menos para formarme bien de cara a la pediatría general.

Aquí os dejo el enlace de la sesión que di durante la rotación:
Sesión Estreñimiento en Pediatría.    (Como véis me fui a lo sencillito :P)

Y hasta aquí por hoy. Ya os contaré más cosillas cuando tengamos la decisión tomada oficialmente ante los tutores y se comiencen a formar las rotaciones de R4 :)

P.D. Me queda comentaros toooodo el paso que llevo como R3: Neurología, Endocrinología y Dermatología (esta última breve optativa de un mes). Ahora estoy comenzando en Cuidados Intensivos Pediátricos, por ahora con los cursos de iniciación. Todo un mundo... con miedo e inseguridad como siempre frente al cambio... pero con ganas de ver como va todo. Espero no agobiarme mucho :O

¡Un abrazo!

miércoles, 12 de agosto de 2015

Un paciente para recordar

A Joel,
Por ser tan buen paciente y amenizar tanto una guardia. 

Reacción alérgica tras ingerir nueces. En el Centro de Salud administran la medicación pertinente y remiten a Urgencias para observación. 
Tiene 4 años. Parece mayor. Llega en la camilla conversando con los compañeros del SUMMA. Le miro, me mira, y sé que me caerá bien. 

-Hola Joel, ¿Cómo te encuentras? 
-Un poquito bien. 
-Un poquito sólo jajaja, ¿Qué te ha pasado, me lo cuentas? 
-Pues que estaba comiendo pollo con nueces y me ha empezado a picar la lengua, y luego el ojo. Y luego me han llevado al médico. Me han dado jarabes y me han pinchado dos veces! En el brazo y en la pierna! Mira lo tengo rojo! Pero ya estoy bien. 
-¿Te han pinchado dos veces? Pero por cómo lo cuentas... ¡eres muy valiente! :)
 -Sí… Hombre… he llorado un poquito… Pero poco rato. Y sabes que es la primera vez que me monto en una ambulancia! Y han puesto la sirena un poco, como en la tele. 
- Jajaja, ¿en serio? Qué suerte has tenido, la sirena no se la ponen a todos los niños… ¿Has venido con mamá o con papá? 
-Con los dos. Ahora vienen y los ves. ¿Y tú cómo te llamas? 
-Me llamo Miriam. 
-Anda, como mi profesora! 
-Mira qué bien, así no se te olvida :) Vamos a verte a ver qué tal estás, seguro que te portas muy bien.
(...)
-Estás estupendo Joel :) Ahora te vas a tener que quedar aquí en una sala un buen rato con papá y mamá porque tenemos que vigilar que no te vuelva a picar la lengua ni se te hinchen los ojitos.
-¿Cuánto es un buen rato?
-Un rato largo... Por lo menos hasta que se vaya el Sol, y después ya veremos.
-¿Y me tengo que quedar con estas pegatinas puestas? Es que la pegatina del dedo ya la tengo mucho rato puesta... 
-De momento sí, porque las pegatinas son mágicas y con ellas podemos ver cómo funciona tu corazón y tus pulmones. 
-¿Y cómo lo ves si en las pegatinas no sale nada escrito?
-jajaja. ¿Te sabes los números?
-Sí, del 1 al 20.
-Pues mira ese monitor y dime qué números ves.
-El 1, el 0, el 7, el 9 , el 8...
-Fenomenal. Pues el 107 que sale en verde, nos muestra como corre tu corazón. Y el 98 que sale en azul nos muestra lo bien que respiran tus pulmones gracias a la pegatina del dedo.
-Ah... Pues no sé cómo pueden ver eso unas pegatinas... Y a mí la pegatina del dedo no me gusta mucho... pero bueno, ¿luego me la quitas?.
-Dentro de un rato ya veremos. Ahora vamos a traerte un pijama súper chulo y te pasamos a la mejor cama que tenemos para niños mayores. Tienes la suerte de tener un pulpo pintado en la pared, justo a tu lado; le puedes poner el nombre que quieras y luego me lo dices.
-Vale. El pijama me está un poco grande... pero bueno. Y la cama no está mal porque en esas cunas de niños pequeños yo no entro seguro.
-jajaja, claro es que eres muy mayor. Luego vengo a verte.
(...)
-¿Qué tal Joel? ¿Cómo va la tarde?
-Bueno, bien, leyendo cuentos. Pero es que aquí sólo hay cuentos, no hay juguetes. Y yo me aburro un poco, sólo puedo mirar al pulpo de la pared y a los cuentos, pero entiendo que el hospital de niños es así.  El pulpo se llama Joel como yo.
-jajajajaja. Tienes toda la razón, este hospital de niños es un poco rollo. Y me gusta el nombre del pulpo :) No te prometo nada... pero voy a intentar buscar algún juguete para tí, a ver si encuentro algo y te lo traigo.
-¡Vale!
(...) 
-Mira lo que he encontrado! Un camión para que no te aburras tanto.
-Ahhhh, cómo mola, un juguetee. ¡Y se puede abrir! 
-jaja no sé sí se puede abrir o no, yo no sé hacerlo, pero como tú eres muy listo inténtalo y luego me lo enseñas.
(...)
-Miriam! Miriam! Veeeen!
-Dime, ¿qué te pasa?
-Que he abierto el camión! Mira!!! Y ahora... me quitas ya la pegatina del dedo porfi??
-Eres genial :) Cuando se haga de noche quitamos la pegatina un ratito.
-Noooo. Antes me dijiste que cuando "se fuera el Sol". Y ya no hay Sol y han encendido las farolas de la calle así que ya me la puedes quitar y me puedo ir.
-Eres muy muy listo Joel. Pero tienes que quedarte un poco más. Vamos a escuchar tu corazón otra vez...
-¿Y cómo se escucha?
-Mira, te dejo el fonendo. Escucha atentamente.
-Ohh! Suena pum-pum-pum-pum. ¡Eso es lo que oyen las pegatinas!
-¡Exacto! :) Ahora tienes que cenar algo y luego a dormir un poco.
-Pero qué hay de cena, puré de niños? A mí es que no me gusta el puré, me gusta el chocolate y los calamares. Cuando mi abuela hace calamares yo le cojo alguno y me escondo, y nunca me pilla. 
-jajajaja eres un travieso. Te comerás lo que te traigan.
-Bueno... pero yo no quiero dormir aquí, quiero irme a mi casa. Además yo nunca tengo sueño y ahora no tengo nada de nada.
-Ya lo sé que estás cansado de estar aquí, pero te prometo que si está todo bien, cuando te despiertes podrás irte a casa.
-Y si me escapo y no te enteras... Porque yo tengo poderes mágicos y me puedo escapar sin que te des cuenta...
-Yo también tengo poderes y tengo ojos en todas partes y seguro que te pillaría.... Así que no te escapas seguro ;) Te quito la pegatina del dedo un ratito y te duermes, ¿vale?

Y sonríe. Y yo no paro de reír... Y se duerme. 
A la mañana siguiente: 
-¡Buenos días! ¿Qué tal has dormido Joel, has soñado cosas bonitas?
-Muy bien, pero no me acuerdo si he soñado o no. ¿Y tú no te has ido a tu casa a dormir? Pues mañana te espera un día muy duro...
-jajajaja, algo he dormido por aquí, no te preocupes. Lo prometido es deuda. Te puedes marchar a casa ya! 
-Si? Pues ahora estaba a gusto aquí... jajajaja.
-jajajaja. Te has portado genial Joel; has sido el paciente más simpático y más bueno de toda la guardia. Que te vaya muy bien y no te pongas malito nunca más.
-Vale. ¡Adiós Miriam! Gracias por curarme y duerme hoy un poquito en tu casa que te espera un día duro. 

Y por días como éste, y por pacientes como Joel, merece tanto la pena este camino... Postguardia feliz :) 
Y ahora le haré caso y dormiré un poquito... ;)