domingo, 16 de agosto de 2026

Relato de mi segundo parto: Nacimiento de Malkia

“Se acercaba la fecha final del embarazo, querías aprovechar el tiempo al máximo dentro de mí… y yo lo agradecía. Saboreando durante días esa introspección mental para entrar en el planeta parto… cada contracción de Braxton Hicks me recordaba que estábamos en el camino. A pesar del calor de mediados de Junio y de la intensa rutina diaria con el final de curso de tu hermana persiguiéndonos a todas horas, conseguía pequeños micromomentos para conectar contigo a solas.


Confiaba en que el inicio de parto fuera espontáneo y en casa y visualizaba poder intentar parto vaginal tras aquella cesárea… tranquila pero realista, con la mente abierta a todo lo que pudiese pasar. Teníamos cita el 17 de Junio para monitores y un par de días antes te manifesté jugando con mis cartas y mi oráculo… con confianza, soltando el control… y me escuchaste.”


Empezamos nuestro baile de contracciones la madrugada del 16… y me haces feliz. Solo con poder sentirte llamando a la puerta al otro lado de la piel por ti misma, cuando tú lo has decidido, me doy por satisfecha. Agradezco cada contracción, respirando con calma. Son muy sutiles al principio, espaciadas. Intensas en la parte anterior del pubis y suelo pélvico; me empujan a ponerme boca abajo o de pie. Sigo a mi cuerpo… tumbada de lado no las tolero, y salgo de la cama cada vez que se acerca otra para moverme. Voy al baño varias veces y sobre las 6:30h veo el tapón mucoso, claro y con hebras de sangre rosada, mostrando que el cuello del útero se está borrando… Mi cuerpo sabe hacerlo… confío…


Sale el sol, y aunque quiero seguir en mi planeta parto, la vida continúa. Tenemos que preparar a tu hermana para ir al cole, y aunque es papá quien se encarga de llevarla, nos hace ilusión desayunar juntas. Disfruto contándole a Makenna que ya estás en camino, que pronto te conoceremos. Le explico lo que siento cada vez que llega una contracción y me ve levantarme y bailar por la cocina… reímos juntas y me acompaña en mi movimiento y mis sonidos. Hemos hablado de este momento y leído cuentos; me gusta que normalice el proceso. Aparece un sentimiento contradictorio al despedirme de ella… será nuestro último desayuno siendo “sólo las dos”… mi niña mayor… Se va contenta al cole sabiendo que luego la recogerán los abuelos, y se despide con un abrazo que sabe a gloria y un tierno beso en la barriga para ti, su hermanita.


Ahora sí, te dedico todo el tiempo que te mereces a ti. Vela bonita, humidificador con lavanda, infusión, movimiento consciente en la fitball y en la colchoneta, ducha de agua caliente y me das tregua. Así que me pongo a hacer la comida y continúo escuchando música de parto, meditaciones suaves… Disfruto de verdad cada ola, cada contracción intensa, respiro, me muevo, vibro con la voz, muevo la mandíbula, muevo la pelvis… y sea como sea el resto del camino, agradezco de corazón nuestro precioso comienzo. Gracias Malkia, ¡somos un equipo!

Poco a poco, todo se ralentiza; en lugar de avanzar, las olas aparecen cada vez más espaciadas, cada 10 o 15 minutos… aprovecho para descansar. Te sigo sintiendo y te mueves como siempre, no hay datos de alarma, así que estoy tranquila. Aprovechamos papá y yo para disfrutar nuestras últimas horas tranquilos, vemos una serie en el sofá, cenamos, tomamos de postre un helado… :) y entra la noche de nuevo. Dudo sobre qué hacer. Quiero evitar acudir al hospital antes de tiempo mientras me siento bien y con fuerzas. Las contracciones siguen durante la noche, pero con poco ritmo, 2 o 3 cada hora; apenas puedo descansar, pero estoy tranquila ya que por la mañana tenemos programada la cita de monitores… Aguanto. 

Y amanece; sigo igual, contracciones de nuevo un poco más seguidas, 7 min- 5 min - 8 min… pero nada regulares. Llega la hora y vamos en taxi (conductor muy majo) con la bolsa confiando en que será el día. Decido pasarme por la Urgencia directamente, ya que son 24 horas de pródromos en casa… y así estar en los monitores acompañada. Esta vez elegí el Hospital 12 de Octubre. 

Pasamos al triaje mi marido y yo (cuánto se agradece) y llega el veredicto que esta vez sí, me pone nerviosa: “1 cm. No estás de parto aún” Pasamos a monitores durante un par de horas, siempre acompañada. El dolor de las contracciones se hace más intenso, y necesito moverme en la camilla cada vez más. No puedo evitar recordar aquellos momentos vividos hace casi 4 años, tan similares pero tan distintos a la vez. Salimos a la sala de espera unos minutos hasta que nos llama la ginecóloga. Seguimos de 1 cm… y el monitor tiene poca variabilidad… no es alarmante pero deciden dejarme ingresada y comenzar con inducción para acelerar el proceso ya que cumplimos 41 semanas. Acepto encantada porque no me veo con fuerzas de volver a casa. Son las 12h del medio día; me ponen el balón de cook para dilatar el cuello del útero de forma mecánica (sin hormonas por haber tenido cesárea previa) un máximo de 6 horas. Sigo confiando en poder llegar al parto vaginal. 


Pasamos a un paritorio estupendo y amplio, y nos recibe una matrona encantadora, Miriam, y su residente de segundo año, Iván, a los que estaré eternamente agradecida, por su trato, su profesionalidad y sus muestras de cariño constantes durante el proceso. 

Tengo a mi disposición todos los instrumentos posibles “barras, lianas, pelotas…” pero los dolores son tan intensos con “ese balón dentro colgando”, que no encuentro la postura cómoda. Me molestan las vías y tengo dolor en ambos brazos (la del brazo izquierdo se rompió y el hematoma residual es incómodo para sujetarme en las lianas) Me tiemblan las piernas incluso para ir al baño. Se aceleran las contracciones y el dolor se hace insoportable; tan solo me calma que papá me sostenga por detrás y dejarme caer; lo paso mal, me siento incapaz; aparece un llanto lábil que intento contener parcialmente y siento miedo, angustia de no poder más… y miedo real por mí físicamente. No quiero pensar en negativo pero es inevitable que aparezcan pensamientos sobre mi cicatriz de la cesárea previa sufriendo esas contracciones. Necesito analgesia pero con el balón me dicen que no es posible… y no puedo aguantar más. Tras 3 horas largas, pido por favor la epidural y que me quiten el balón que me está partiendo por dentro… Asombrosamente, mientras Iván me explica dulcemente que irá deshinchando el balón poco a poco, le digo que se me está saliendo solo, y cae al suelo semejante estructura con “dos bolsas hinchadas como unas bolas chinas”. -Si ha salido solo, es buena señal, porque has dilatado seguro- me dice. Efectivamente, ha hecho efecto, estoy de 3 cm.


Avisan a anestesia y me ponen la maravillosa “walking epidural” (aunque costó un par de intentos, no lo recuerdo con temor sino con ilusión) con la que, tras descansar un poco, pude empezar a disfrutar del proceso de forma real, usando todos los instrumentos de la sala con conciencia. Movimiento libre, ejercicios asimétricos en la pelota de pilates, lenteja en cama sentada… Y empezamos con dosis bajas de oxitocina que irían subiendo poco a poco según el protocolo. 

A las 18h me piden permiso educadamente para romper la bolsa, con una humanidad que roza la perfección. Por supuesto accedo. Lo intenta Iván sin éxito en un par de ocasiones; finalmente lo hace Miriam. Qué increíble cómo el simple hecho de pedir permiso, de mirar a los ojos, de tranquilizar y explicar el procedimiento, puede cambiar tanto la percepción de un mismo hecho (inevitablemente comparo de nuevo, recordando cómo fue la rotura de bolsa de mi mayor, lo vulnerable que me sentí, la rabia que nació en mí por ese maltrato…) y agradezco así mucho más lo que estoy viviendo esta vez.   


Continuo mi viaje de movimiento, cambios de postura, haciendo todo lo posible para continuar el proceso. Las contracciones se hacen más intensas, al principio tras la epidural las siento sin molestias, pero luego vuelven a doler bastante. Me recuerdan con cariño que no pase dolor, que la dosis de epidural está controlada y puedo darme bolos extras cada media hora, y así lo hago. Llega la noche, 21:30h y me noto agotada. Estoy cansada, llevo casi 48 horas de trabajo de parto y apenas descanso. Me exploran y me dan una dosis de alegría al decirme que estoy de 4-5 cm, poco a poco va progresando. Me ofrecen cambiar a epidural convencional para descansar del todo, y como si siguiera el consejo de alguien familiar que me quiere, acepto y lo agradezco porque descanso y consigo dormir un poco. La matrona sigue optimista, me cambia de postura, me pone “el cacahuete” para crear asimetría entre las piernas… Me tranquiliza verla segura de sí misma, con optimismo mostrando las opciones que quedan, pero sé que las opciones se acaban… y por un lado, inconscientemente tengo ganas de que acabe. No quiero verbalizarlo, no quiero rendirme, pero llegado este momento pienso que no quiero prolongarlo más… quizá el parto vaginal no es para mí.


A las 23h aparece el ginecólogo por primera vez, se presenta, educado, me explora… 4 cm. Y comenta con la matrona la postura de la niña: “transversa izquierda… caput en fontanela anterior” Se muestra tranquilo, y dice que volverá en un rato… pero sé que el final está cerca. Parece que se repetirá mi historia… 

A las 00.20h vuelve con otras ginecólogas, y me piden permiso de nuevo para explorar. Debe ser una postura “rara” y les viene bien para aprender. No me importa, sonrío y les digo que por supuesto. Estoy igual, 4 cm. Y por fin, me dice las palabras que estaba esperando pero de un modo totalmente distinto. Me explica con mucha tranquilidad que llegado el momento, por los antecedentes y dado que el cuello está cada vez más edematoso y no parece avanzar; es prudente hacer una cesárea. “No es una emergencia, te van a aumentar la anestesia, a poner antibióticos e iremos a quirófano sin prisa, con tu marido presente” Siento alivio. Por un lado, aparece un pequeño sentimiento de culpa por alegrarme de la cesárea en lugar de estar triste por no haber conseguido el parto vaginal soñado…pero realmente lo sentí así. No era un fracaso, era una luz. Lo intenté todo durante 48 horas y no fue posible; estaba satisfecha. Y así, con calma, sin prisa, sin miedo, fuimos a quirófano. De nuevo en una sala fría, desnuda, vulnerable, sin mis gafas, traspaso de camillas y brazos en cruz Ya me lo sé. Pero esta vez estoy acompañada y eso me reconforta. Mi marido vestido de verde, colocado detrás de mí acariciándome la frente. Es tan distinto esta vez.


Malkia nace exactamente a la 1:00h del 18 de Junio de 2026, con un llanto fuerte, trayendo toda la paz del mundo y sanando profundamente mi anterior herida. Esta vez sí, pinzamiento tardío del cordón tras 1 minuto, y piel con piel conmigo mientras la sujeta papá… Nuestra niña nos mira profundamente con unos ojos enormes, abiertos, con una mirada penetrante como su hermana hizo en su día. Y como un regalo que me acaricia el alma, me desatan el brazo derecho, el de la tensión -“Cuando se hinche el manguito intenta mantener el brazo quieto y ya está, puedes tocar a tu niña”- y me permiten abrazarla y tocarla. Es quizá el detalle que más me remueve a día de hoy, por la gratitud que brotó en mi interior, ese pequeño gesto que para mí significó tanto y que recordaré eternamente… Gracias de corazón.


Mientras disfrutaba de esos instantes inolvidables, empecé a sentir como manipulaban mi abdomen y un dolor cada vez más desagradable me incomodaba. Dudé tan solo unos segundos si aguantar porque no quería separarme de mi niña, pero no pude con la intensidad y les dije que sentía mucho dolor… “Entonces te sedaremos un poco, ellos tienen que salir, luego volverán contigo” Sentí un pellizco en el corazón por tener que separarme de ellos finalmente a pesar de que todo había salido bien, pero sabía que era necesario, y sería poco tiempo.

Recuerdo cerrar los ojos y abrirlos pronto; me llevan a la URPA, una sala individual en la que enfermería me acomoda y me toma las constantes. Les pregunto por mi bebé y mi marido, me dicen que vendrán enseguida. Fueron los 5 o 10 minutos más largos de mi vida… o quizá fueron más, no lo sé; se me hizo eterno. En ese tiempo llamé en dos ocasiones más y les insistí en que me trajeran a mi bebé; me repiten que les trae un celador desde Neonatología, que están en camino… No les creo, y crece en mí una desesperación e impotencia que me hierve la sangre, quiero echar a correr, quiero gritar, pero solo puedo llorar. No puedo respirar ni estar en calma, no quiero estar sola ni un segundo más, revivo una y otra vez los sentimientos de mi cesárea previa sola, recuerdo el dolor, la rabia, noto como aumenta mi frecuencia cardiaca y me doy cuenta, sé que mi sistema nervioso está en modo lucha a punto de colapsar y no puedo parar de llorar… hasta que aparecen, mi niña en brazos de su papá. Luz verde. No mentían. Aquí están en la URPA conmigo.


Por fin tengo a Malkia piel con piel encima mía, y se engancha al pecho como si hubiese estado esperándome todo este tiempo; juntas por fin. Mi reina.

Sobre las 5 am nos suben a planta, habitación E817; voy en la cama todo el trayecto con mi niña encima, sin separarme nunca más.

……

La vivencia en planta da para otro relato. El postparto inmediato ha sido asombrosamente bueno; he tenido una recuperación rápida, con fuerza desde el primer momento, con energía, adaptándome rápidamente a las circunstancias que se han ido dando de forma positiva. Me he sentido segura, presente, tranquila, más sabia… Me siento satisfecha conmigo misma. Agradecida.  


En 2022 puse una reclamación por la atención recibida durante mi primer parto. 

Hoy, en 2026, he puesto un agradecimiento. 

Muchas veces damos por hecho que cuando algo va bien “es lo normal”, y no lo miramos con la gratitud que merece. Después de haber vivido dos experiencias tan distintas, siento aún más la necesidad de dejar constancia de lo que significa que alguien te trate con respeto, con cariño, con humanidad. Porque lo bueno también merece ser nombrado. Lo bueno también merece ser agradecido. 


¿Cómo reclamar o poner agradecimientos? 


Gracias Malkia, mi Reina, por llegar con tanta paz. Por traer serenidad donde antes había ruido. Por darme fuerza, gratitud y una forma nueva de mirar la vida. Gracias por sanar mi herida, por mostrarme que la historia podría escribirse de otra manera. Contigo me descubro más segura de mi misma, más capaz, más yo. Me ayudas a soltar miedos, a derribar barreras, a crecer sin prisa. A ser una mamá que se está encontrando de nuevo. 

Sé que a veces no puedo darte todo el tiempo que quisiera, que no siempre llego tan rápido como me gustaría y mis brazos no siempre están libres para tí. Perdona mis tiempos, mis carreras, mis intentos. Estoy aprendiendo a ser mamá de dos, a estar sin dividirme, a no fallaros. Prometo hacerlo lo mejor que pueda cada día, caminar contigo siempre con todo mi amor. Gracias por llegar a mi vida como una reparación suave, por hacerme nueva sin exigencias, solo con tu presencia que abraza. Sigue sonriendo cada día como lo haces, mi pequeña luz sanadora. Te quiero, desde ese lugar nuevo que tú has despertado en mí.


martes, 30 de junio de 2026

Mis nombres favoritos

Dos nombres, dos almas, 
dos maneras de enseñarme a vivir.
Mis hijas: amor infinito.

Para ellas… y para la parte de mí que sólo ellas despiertan.
Gracias por tanto.


🌿 Makenna — “La que trae felicidad” 
04.10.2022

Mi primera luz.
La que me abrió el corazón de golpe y para siempre.
La que me enseñó a ser madre sin manual, sin red, sin certezas.

Contigo aprendí todo por primera vez: el cansancio, la entrega absoluta, la risa que nace del alma, la paciencia que no sabía que tenía.

Eres mi niña mayor, pero también mi bebé eterno. La que me enseña a sostener y a soltar.
La que me abre caminos desconocidos.

Tu nombre significa felicidad,
y eso has sido desde el primer día: una alegría que impregna mi vida.

Contigo crecí, contigo aprendí, contigo descubrí una versión de mí que no conocía.
Me enseñas a mirar más despacio, 
a escuchar mejor, 
a sentir con verdad. 
Soy mejor mamá, mejor mujer y mejor pediatra, gracias a ti.

Tu gestión de emociones me sorprende cada día.
tu inteligencia, tu forma de entender el mundo,
tu manera tan bonita de nombrar lo que sientes y tu capacidad de adaptación y entendimiento precoz. Tigre de agua.

Eres observación y ternura.
Mi niña mayor, mi maestra.
La que me hizo mamá.


👑 Malkia — “Reina”
18.06.2026

Mi luz sanadora.
Llegas a un hogar que ya tiene caminos abiertos,
heridas cicatrizadas, amor aprendido.
Tu hermana preparó el terreno, sembró lo difícil, abrió puertas que ahora tú cruzas con suavidad.

Y yo llego a ti más sabia, más tranquila, más segura,
con menos miedos.
A ti te recibo distinta:
mejor madre, mejor pediatra, mejor mujer. 

Tu nombre significa Reina, y así te siento: pequeña y poderosa, delicada y firme, 
dueña de un lugar que ya era tuyo antes de nacer. Como si tu nombre te hubiera elegido a ti.

Reina, no por jerarquía, sino por presencia. 
Por la forma en que has llegado:
con calma, con fuerza, con una luz sanadora.

Te cuidaremos como lo que eres:
dignidad que abraza, expansión que acompaña, un amor en movimiento. 
Eres sanación, presencia nueva, amor que se multiplica. Caballito de Fuego.

Mi pequeña. La que me amplía la mirada aún más.
La que me hace bimamá.

martes, 23 de septiembre de 2025

Nutrirse ConCiencia

Hoy comparto con mucha emoción el lanzamiento de Nutrirse ConCiencia, un proyecto en el que he tenido la suerte de participar junto a otros profesionales de distintas disciplinas, aportando mi granito de arena sobre la alimentación en la primera etapa de la vida.

Es un libro que nace del deseo profundo de acompañar a las familias en su camino hacia una nutrición más consciente, empática y basada en evidencia. Muchas voces, distintas miradas, un propósito común: acompañar desde el respeto y la conciencia. 

En mi capítulo abordo esta etapa clave desde una mirada respetuosa, desmitificadora y sensible a las realidades de cada familia.

No es una guía nutricional: es una invitación a nutrirnos con ciencia y con alma, desde la infancia hasta la vejez. Cada capítulo ofrece herramientas prácticas, reflexiones y conocimientos que pueden transformar la forma en que nos relacionamos con la comida, el cuerpo y el bienestar.

Gracias a quienes han hecho posible este proyecto. Esperamos que lo disfrutéis tanto como nosotros al crearlo.

Que Nutrirse ConCiencia llegue a muchas manos y corazones 💚 

Nota de prensa

Amazon

lunes, 8 de septiembre de 2025

Tus alas, mi vértigo

Aluvión de sensaciones que remueven por dentro.. que descomponen el alma para volver a mirar en mi interior; ese interior que en ocasiones prefiero ignorar por las prisas del día a día. Hoy de frente me encara, me hace parar, mirarme, sentirme, respirar. Porque es difícil exponer con palabras lo que estoy sintiendo; las lágrimas salen fácil, como si hubiesen estado retenidas durante meses para brotar hoy, así, sin aviso y sin descanso. 

Quien me iba a decir a mí que después de casi 3 años de fuerza y energía iba a darme un vuelco así el corazón en un día tan simple. Tan sólo unos minutos de cole han bastado para descolocarme. ¿Por qué?

Ni la separación por la incorporación al trabajo cuando tenías tan solo 6 meses me costó tanto. Eran horas separadas después de una vida juntas; mantener la lactancia, lidiar con el sueño, volver a coger el ritmo en la profesión… Superado.
Nos hemos separado varios días, varias noches… hasta un fin de semana entero por trabajo, 48 horas en ciudades distintas. Siempre bien cuidada con papá y los abuelos; siempre contenta. Yo siempre tranquila, creando tu propio espacio y el mío. 
Tus clases de inglés semanales, tus ratitos de independencia… Fácil. Lo pones todo fácil.

Y hoy, tan sólo 40 minutos de adaptación escolar… me deshacen. Me zarandean como si fuese una pluma en medio de una corriente de viento, sin poder agarrarme a nada. Y no entiendo el por qué. 

Hoy te he visto volar igual de feliz y segura que siempre; pisando fuerte con tu personalidad arrolladora y tu independencia. Sonriendo, abierta a lo desconocido con curiosidad y con calma. Tus detalles, tu carisma… Y sé que lo estoy haciendo bien. Verte crecer con tus cualidades hace que me sienta orgullosa, por ti y por mí, por nosotras.

Adaptación… adaptación necesito yo para transitar todo esto que revolotea en mi alma y en mi mente. Por suerte puedo contar con unos días de vacaciones para digerirlo, porque tú estás lista mi niña. 
Tus alas, mi vértigo.

Gracias Makenna por ponerlo todo tan fácil; gracias por acompañarme con esa inteligencia emocional tan impactante, con tu cariño especial… 

Porque hoy, mientras descansamos en el sofá tomando tetita, vuelves a mirarme así, con tus ojos grandes y profundos, como cuando viste la luz del mundo por primera vez aquella noche en ese quirófano y te encontraste conmigo… Con esos ojos penetrantes, en silencio pero vivos y llenos de conocimiento… como si me leyeras la mente. 
Te quiero con toda mi alma.

Feliz comienzo de etapa escolar, valiente Makenna.

viernes, 2 de diciembre de 2022

Relato de Mi parto: Nacimiento de Makenna

 Deseaba con todas mis fuerzas iniciar el trabajo de parto de forma espontánea en casa y poder conocer qué se sentía con las primeras contracciones… Quería poder poner en práctica toda la preparación consciente que había realizado durante el embarazo (hipnoparto, respiraciones, visualizaciones, relajación, movimiento libre…) Pero también tenía la mente abierta a cualquier posibilidad, incluidos contratiempos, adversidades y complicaciones… para poder vivir el nacimiento de mi hija de una forma positiva ocurriese de un modo u otro; y así fue.”

La madrugada del 3 de Octubre de 2022, 4:30h am, me desperté con sensación de dolor menstrual que se repetía cada 6-7 minutos. Tras ir al baño, beber algo fresco, intentar volver a dormir sin conseguirlo y ver que se repetían de forma continua, supe que el momento había llegado. Comenzaba el viaje de Makenna hacia el otro lado de la piel… 

Acomodamos la habitación con luz tenue, pusimos la lista de música relajante que habíamos escuchado durante el embarazo, encendimos una vela, conectamos el humidificador con aceites esenciales… A mi alcance la pelota de pilates y la bolita miofascial (de pinchitos) Desayuné para coger fuerzas y me sentó muy bien. Mi marido calentaba los saquitos de semillas cada vez que se lo pedía, me traía agua, frutos secos… Qué bonito recuerdo, papá con nosotras cuidándonos. 

Las contracciones eran continuas sin descanso pero irregulares: 5 min - 7 min- 2 min - 4 min, y de unos 45 segundos de duración. Algunas dolían más que otras pero sentía que cada vez las toleraba mejor con la respiración y los cambios de movimiento libre. El dolor abdominal bajo tipo “dolor menstrual” se fue irradiando hacia las lumbares, de modo que con cada ola me aliviaba muchísimo la presión en la espalda. Fui cambiando de postura según me pedía el cuerpo, apoyada en la pelota y ésta a su vez en la pared, o en cuclillas. Entre contracción y contracción me encontraba bien. Estuve releyendo algunos capítulos de libros de maternidad para relajarme. Fui al baño en múltiples ocasiones, sin dolor ni malestar; sabía que mi cuerpo se estaba “autolimpiando” de modo que verificaba que no es necesario poner enemas de rutina, el cuerpo es sabio. Me di una ducha caliente para relajarme. Era consciente de que estaba transitando la primera parte del parto tal cual había deseado: en mi casa, con mi pareja, con calma, tolerando cada “ola” con control y tranquilidad y repitiendo las afirmaciones positivas que tenía grabadas a fuego en mi memoria (después de haberlas tenido impresas por la casa los últimos meses del embarazo): 

“Soy una mujer fuerte y segura” 

“Mi bebé sabe cuándo y cómo nacer” 

“Somos un equipo” 

“Mi pareja me apoya” 

“Confío en mi cuerpo, mi instinto y mi bebé” 

“Con cada ola estoy más cerca de conocer a mi bebé…”  


La verdad es que el trabajo de hipnoparto me ayudó muchísimo a conocer y afrontar este camino tan desconocido. Me sentía segura y confiada.


Las horas pasaban y el ritmo de parto no se detenía, pero tampoco avanzaba. Comimos e intenté descansar un poco pero las contracciones no daban tregua y no soportaba estar tumbada… 8 min como máximo entre una y otra, y se aceleraban de nuevo. Por un lado estaba tranquila porque me encontraba bien y notaba que mi bebé se movía entre contracciones, pero por otro lado comencé a inquietarme un poco ya que con más de 12 horas de contracciones sin parar deberían haber aumentado el ritmo. Así que con esas dudas, decidimos ir al hospital sobre las 19h de la tarde; nos llevaron mis padres que estaban tan nerviosos y preocupados como si fuera su propio parto. 


Pasé al triaje rapidísimo (sola…) y me decepcionó escuchar tras la exploración que tan sólo estaba de 2 cm. ¿Después de todo el día con contracciones sin descanso? No me gustó pero lo acepté. Me pasaron después durante casi una hora a una sala de observación para colocarme la monitorización fetal, en una cama junto a otras 4 o 5 mujeres. Sabía que era el procedimiento en ese hospital que yo había elegido, pero me sentía un poco vulnerable y sola… No obstante intenté durante todo el tiempo pensar en positivo, mi niña estaba en camino… 

El dolor de las contracciones durante ese tiempo se hizo más intenso, no me gustaba estar tumbada sin moverme, y el entorno tampoco ayudaba; intentaba controlarlo apretando fuerte la bola miofascial que me eché en el bolso; además tenía un calor sofocante que trataba de amortiguar con mi abanico. Intentaba concentrarme en respirar y evitar pensar en los inconvenientes. Después de ese tiempo, me dijeron que saliera a la sala de espera, en la que por suerte no había mucha gente, hasta que me llamara el ginecólogo. Más tranquila al estar con mi marido y mi madre aguanté casi otra hora más de contracciones. Cuando por fin me llaman y me evalúa el ginecólogo ya estamos de 4 cm y todo va bien; agradezco su trato muy agradable, me explica todo con calma y gestiona el ingreso pronto. Son las 21-22h pm: cambio de ropa, camisón, pulsera, analítica, PCR covid y nos llevan a paritorios.

Es un paritorio muy amplio, individual y nos atiende una matrona muy amable que se presenta dulcemente y nos dice que esta noche es tranquila porque somos los únicos por ahora en la planta. Me explica todo muy bien y nos deja poner la lista de música y ponernos cómodos. Estaba tranquila y animada, pero a pesar de que iba con la idea de aguantar todo lo posible con mis métodos no farmacológicos, apareció una contracción dolorosísima y larga que hizo que junto con el cansancio acumulado de todo el día decidiese pedir la epidural. No imaginaba hasta entonces que era lo mejor que podía haber hecho.

La anestesista llegó rapidísimo y fue muy amable a la vez que delicada y empática permitiendo a mi marido que se quedase conmigo dándome la mano mientras me la ponía. Me transmitía mucha calma, me iba contando todo lo que iba haciendo a mi espalda y me decía que le encantaba la música que había puesto, que a ella también le relajaba. Detalles de humanidad que se agradecen tanto. Así sí, estaba tranquila, segura y en unos minutos desaparecieron totalmente los dolores; además podía mover las piernas; me puso la dosis ideal, aunque no me dejaran levantarme de la cama; ya quedaba menos para ver a mi niña.


Desafortunadamente las cosas se empezaron a enlentecer. Las contracciones se espaciaron, el monitor pita continuamente, mi tensión baja y mi bebé se resiente con bajadas de frecuencia cardiaca transitorias. Me pasan volumen intravenoso y me cambian de postura hacia un lado u otro, buscando la mejor opción para mi niña. Comienzo a ponerme un poco nerviosa.

A las 23.00 h aparecen dos ginecólogas nuevas que me exploran de forma desagradable y brusca (y agradezco entonces tener la epidural puesta y no sentir dolor) Hablan entre ellas, sin mirarme a la cara y sin dirigirse a mí, sigo en 4 cm y la cabeza está demasiado alta por lo que para acelerar el proceso van a romper la bolsa y colocar un monitor interno para monitorizar mejor al bebé. Les pregunto que me expliquen si es necesario, pues no quería tantas intervenciones… Me contestan con soberbia que sí; y además con ironía me preguntan que cuánto mido ¿? Porque la niña parece demasiado grande y yo soy muy bajita ¿? … Quise gritar. ¿En serio estaba escuchando esa estupidez grosera en un hospital de tercer nivel? Una rabia interna me empuja a debatirles, les digo de la forma más educada que puedo que soy pediatra y entiendo lo que médicamente está y lo que no está en los protocolos y sus caras cambian y se suaviza su intervención intentando ahora sí explicarme las cosas como debieran haber hecho en el momento que entraron a paritorio… pero lejos de enzarzarme en discusiones que enturbiasen el momento, y más bien por el miedo a que algo fuera mal con la niña por mi culpa, finalmente consiento, a pesar de la impotencia que sentía… Se marcharon y por suerte no las volvimos a ver.

Retomé mi actitud en calma concentrada en mis pensamientos positivos y en mi música junto a mi marido. La matrona entraba cada vez que el monitor pitaba, me tranquilizaba y me ayudaba a cambiar de postura, me exploró en otra ocasión y seguía sin cambios; avisó de nuevo a ginecología y esta vez fue el ginecólogo simpático de la urgencia, quien a partir de ahora me atendería hasta el final (menos mal). Mi niña estaba muy a gusto dentro de mí (a pesar de mi corta estatura que tanto molestó a esas dos ineptas)


Serían las 2.00h o 2.30h cuando comencé a sentir dolor en la pelvis con las contracciones. Aparece un rayo de luz en mi mente al decirme el doctor que quizá podría ser una señal de que la niña se hubiese encajado y todo estuviera progresando. Avisaron a anestesia para aumentarme un poco la epidural y que estuviera confortable. El rayo de luz duró poco, ya que se repetían los mismos 4 cm de dilatación. El ginecólogo intentó tranquilizarme y me dijo que podríamos esperar un poco más de tiempo, que a veces la cosa avanzaba después… Confié aunque en mi foro interno ya sabía lo que pasaría. Quería aguantar lo que fuese necesario para intentar un parto vaginal pero mi niña empezaba a resentirse y su monitor pitaba y pitaba aumentando mi ansiedad como pediatra y como madre. 

2.50h Aprovecho para hablar unos minutos por whatsapp con mi madre y distraerme un poco de ese sentimiento. Sabía que estaba despierta y nerviosa preguntando a mi marido de vez en cuando, y leerme a mí le daría un poco de paz y tranquilidad.


A las 3:00h la matrona me dice dulcemente que no me preocupe pero que va a volver a llamar al ginecólogo. Veo en su mirada nerviosa la preocupación y empieza a crecer en mí un sentimiento de angustia que quiero camuflar sobre todo para que mi marido me vea tranquila. Le digo que tengo un mal presentimiento, que son muchas horas y que probablemente tengan que acelerar todo… como para prepararle para el momento. Cuando llega el ginecólogo y me explora nuevamente, estando en los mismos 4 cm, me explica que llegados a este punto lo mejor para mí y para la niña es hacer una cesárea urgente dado que habitualmente suelen dejar unas 4 horas de evolución si no hay progresión en la dilatación y yo ya llevo 6 horas en el mismo punto desde que me vio él en la urgencia y la niña estaba empezando a sufrir de forma mantenida. Me lo explica todo tan bien y con tanta amabilidad que asiento sin rechistar. Quiero que mi bebé esté bien, lo mejor es que nazca cuanto antes.

Sonrío a mi marido al despedirme diciéndole que en breve tendremos a la niña; hará el piel con piel con él mientras yo esté en la sala de reanimación. Por dentro me muero de miedo pero sólo quiero pensar en lo positivo como había trabajado durante meses con hipnoparto, iba preparada para vivir cualquier camino con positividad y así iba a ser. Y grabo en mi interior ese último beso, su mirada y su caricia antes de que la camilla echara a andar.


Todo fue muy rápido; por el camino a quirófano la anestesista me puso un bolo más de anestesia por el catéter que ya tenía (si no hubiese pedido la epidural en su momento probablemente sería más complicado todo el procedimiento, quizá con anestesia general…) y me tranquilizó diciéndome que todo iría bien y en un par de horas estaríamos en la habitación los tres juntos. Al llegar me cambian de camilla y me ponen los brazos en cruz “para la vía y la tensión…” Sentimiento muy desagradable de estar atada, inmóvil…como había leído tantas veces… y me quitan mis gafas. Les digo con un hilillo de voz que soy pediatra y que me encantaría si fuese posible hacer piel con piel con la niña y pinzamiento tardío del cordón y me dicen que siempre lo intentan hacer... La camilla se mueve bruscamente de un lado a otro, me sorprende el tambaleo tan fuerte… me han avisado de que es incómodo “sentir esos movimientos” pero nada doloroso. Y es verdad, no me duele nada pero siento como me manipulan de forma agresiva y me aterroriza saber que me están abriendo en canal, teniendo en mi conciencia la cantidad de cesáreas que vi durante mi formación… segundos y “Aquí está” 

Makenna vio la luz al otro lado de mi piel a las 3:19h del 4 de Octubre de 2022.

Me enseñan su cabecita por encima de la sábana durante una milésima de segundo, cabecita que veo borrosa sin gafas, y se la llevan a la cuna de reanimación. Quise escuchar un ligero quejido pero no sé si fue una imaginación de mi subconsciente. La cuna estaba a escasos 2 metros de mí, pero mi miopía, sin gafas, no me permitía ver nada nítido. Ni pinzado tardío ni piel con piel. Fueron 20 segundos eternos hasta que oí su llanto fuerte y yo lloré con ella por tenerla lejos y no poder abrazarla ni olerla, ni siquiera verla... Pero está bien, me tranquilizaron las pediatras. Pedí por favor mis gafas y rogué que me pusieran a mi hija encima. Mientras alguien me decía que dejase de mover las piernas que me podían hacer daño… Supongo que de los nervios no era consciente de que estaba intentando salir corriendo hacia mi niña… Segundos de impotencia y rabia al ver que se entretenían en ponerle un gorro y pañal en lugar de dármela… Al menos no la pesaron en ese momento ni se entretuvieron en hacer más cosas. 


Finalmente me la colocaron encima, a la altura de mi cuello. Una auxiliar que estuvo pendiente de mí todo el tiempo tuvo el detalle de quitarme la mascarilla y pude besar a mi bebé preciosa una y otra vez en su carita. Intentaba olerla pero no podía pues yo tenía la nariz taponada de llorar. Recuerdo grabado a fuego intentar ver su cara y tenerla tan cerca que tan sólo podía ver su perfecto ojo derecho, muy abierto, de un profundo color negro mirando fijamente hacia un lado y cambiando la mirada hacia el otro lado. Sentir que estaba conmigo por fin en mi pecho, tranquila, observando el mundo… calmó parcialmente mi dolor a pesar de seguir atada. Disfruté cada minuto de su contacto. Me ofrecieron intentar que se enganchara al pecho, y aunque no lo conseguimos (agradecida por la ayuda de la auxiliar o enfermera, matrona… eran dos mujeres que estuvieron conmigo muy pendientes) el poder sentir ese contacto de su boquita con mi pecho durante ese tiempo, mientras a mí me terminaban de coser, me consoló, me calmó, me sanó y me llenó de fuerza. 


A las 4:00h terminó la cirugía y el ginecólogo me dijo que todo había ido bien, había perdido muy poca sangre y la recuperación esperaba que fuera favorable. Llegaba el momento de la separación, me tocaba estar 2 largas horas en la REA. En ese momento, afortunadamente por mi salud mental, lo viví con calma y positividad. Nada de lo que dijera podía cambiar “ese protocolo” así que tenía que pensar que la niña iba a estar esas 2 horas haciendo piel con piel con su papá, las mejores manos del mundo en las que confiaba que estaría tranquila y protegida. Y así, ella en su cuna y yo en mi cama, nos separaron. Y duele, duele mucho.


Cuando llegué a la REA me recibieron una enfermera y una auxiliar muy agradables. La anestesista me dice que a las 6:00h vendrá a darme el alta si va todo bien. Estoy yo sola en la sala. Nadie más… y no puedo evitar pensar qué impedimento tan doloroso, no permitir en ese momento tener a mi compañero de vida al lado dándome la mano junto a mi hija… Protocolos absurdos, arcaicos.

Me piden que descanse, pero es imposible. Cierro los ojos pero no puedo dormir, pienso y revivo una y otra vez el camino; intento poner en práctica alguna meditación, concentrarme en la respiración… quiero que el tiempo pase rápido, pero va muy lento. Pienso que me encuentro muy bien y tengo que estar contenta, ya queda menos; me toman la tensión cada cierto tiempo. Pregunto la hora y tan sólo han pasado 40 minutos. Agradezco en el alma la conversación de la auxiliar, contándome anécdotas y su experiencia positiva en la maternidad para que estuviese entretenida y se me pasara el tiempo más rápido… Gracias. 


Y llegan las 06.00h y la anestesista aparece cumpliendo su promesa, me revisa y me da el alta para subir a la habitación. Sentimiento de esperanza e ilusión por el pasillo, llegamos a la puerta de la habitación 5D03. Segundos eternos mientras sacan la cama vacía para meterme a mi, y al entrar por fin les veo. Mi niña bonita en brazos del amor de mi vida, que estuvo protegiéndola de todo, piel con piel, evitando que nadie la manipulase, ni la bañase ni la dieran biberón a pesar de tener hambre y las sugerencias y presión de parte del personal... Fue fuerte y cumplió lo que prometimos. Nos miramos a los ojos diciéndonos todo… tenemos una niña preciosa y sana. Makenna bonita, ve con mamá.

La matrona me ayuda a colocarme en la cama y por fin, juntas, la abrazo fuerte sobre mi pecho descubierto, se engancha con fuerza y me siento feliz; se borra toda la ansiedad de separación, todo merece la pena, todo tiene sentido… Felicidad absoluta y ya no te suelto nunca más; comienza nuestra vida juntas.


Los siguientes días me sentí muy bien emocionalmente, con una energía exuberante, positividad, viviendo todo el proceso con calma y sin culpa (a pesar del dolor de la cesárea) y doy gracias por haber vivido un postparto también muy positivo.


Pero a día de hoy, casi dos meses después, no puedo dejar de pensar en el por qué se sigue separando a las madres de sus hijos. No lo entiendo ni lo entenderé. Por qué me quitaron el privilegio de estar con mi niña en sus primeras horas de vida. Por qué en unos hospitales sí puede estar la pareja al lado de la madre en quirófano y en otros no; por qué mi marido tuvo que quedarse fuera sin ver el nacimiento de su hija y luego esperando 2-3 horas con angustia, soportando la incertidumbre de que no me pasara nada malo a mí. 

No hay respuestas.

Yo elegí ese hospital a conciencia por ser un buen hospital maternal y pediátrico con una potente UCI neonatal, sabiendo que lo más probable es que no la necesitara, pero yo estaría más tranquila. Sesgo de pediatra. Y sabía que si el camino se torcía hacia el lado que se torció, iba a tener que vivir esa separación. Sabía que en otros hospitales sí permiten a las parejas entrar a quirófano (si no es una urgencia vital) pero tenía que elegir entre todas las opciones. No es mi culpa. No es responsabilidad de las madres. Mi marido podría haber estado conmigo y con nuestra hija, sin molestar en una silla a mi lado en la REA si hubiesen querido y el servicio se adapta para ello. Y no se quiere por comodidad, por rutina, por "siempre se ha hecho así". Hay mucho que cambiar. Ojalá llenemos los hospitales de testimonios reales y reclamaciones para que dejen de pasar estas cosas y podamos tener en un futuro cesáreas humanizadas en todos los hospitales de España. 


Gracias a @comadronaenlaola por ayudarnos en estas reivindicaciones en su blog con este documento que os animo a descargar y presentar.

"No es fácil cambiar las costumbres, lo establecido, las creencias y resistencias. Pero si todos, todas y cada una lo presentamos, si seguimos solicitando, insistiendo, por las que vienen detrás, antes o después, los centros tendrán que cambiar y trabajar como aquellos lugares donde esto está normalizado. El derecho a la no separación y el acompañamiento"


¿Cómo reclamar? https://pediatriaparaandarporcasa.blogspot.com/2022/12/reclamaciones-salud-hazlo.html


Gracias a todos los profesionales que nos trataron con amabilidad, respeto y empatía, durante el parto y posteriormente en la planta de hospitalización, que fueron la mayoría.

Gracias a mis padres por estar siempre ahí para todo lo que necesito, en cualquier momento y en cualquier lugar. Por ser los mejores abuelos que mi niña podría tener.

Gracias a mi hermano y su mujer, por ser los mejores tíos del mundo, por mimarnos y ayudarnos continuamente sin pedir nada a cambio.

Gracias a mi negrito, por ser el mejor acompañante de vida que podía haber elegido y demostrármelo día tras día. Increíble marido y maravilloso papá.



Gracias Makenna por traer tanta felicidad a mi vida, como tu nombre indica. Por llenarme de ilusión, de paz y de esa energía de superación. Gracias por hacerme ser la mamá que siempre quise ser, por cumplir todos mis deseos. Me siento orgullosa de mi misma, me siento fuerte, empoderada, confiada y capaz, y es gracias a ti. Sé que ya he cometido algunos errores en tu corta vida, y muy probablemente seguiré metiendo la pata alguna que otra vez, sin darme cuenta por supuesto. Pero por favor, sigue mirándome siempre así cómo lo haces, con esos ojos grandes y profundos, igual que cuando viste la luz del mundo por primera vez aquella noche en ese quirófano y te encontraste conmigo... Te quiero.