Os quedan algo menos de 2 semanas para elegir, por fin, vuestro camino. La puerta de la Residencia se abre ante vosotros y a pesar de que lleváis tiempo dándole vueltas a la elección, todavía aún, dudáis con alguna que otra especialidad, no tenéis claro si una ciudad u otra, si aquí o allá...
Durante todos estos meses os he ido dando algún que otro consejo sobre
cómo afrontar el MIR, cómo preparar el examen.. así como algunas pautas o pistas a la hora te tantear el terreno para la elección:
Pero realmente, en ningún momento os he hablado de la especialidad de Pediatría como tal. Es cierto, no sé por qué, he dado por hecho que todos ya sabéis mi opinión sobre la misma y el por qué la elegí y me he saltado ese paso. Desde que abrí el blog como estudiante, he ido dejando huella de mi interés por la pediatría.
Además, con la cantidad de vídeos que hay sobre las jornadas postmir he dado por supuesto que mi opinión sobre la especialidad ahora mismo, desde mi corta experiencia, no era muy necesaria.
Pero llegado el momento, ante la gran demanda de mensajes que estoy recibiendo por vuestra parte, si os puede ayudar en algo, aquí van unas pinceladas de lo que pienso sobre las preguntas que me hacéis acerca de la que es la especialidad más bonita que existe :) Ya sabéis, opinión subjetiva totalmente y sesgada por mi forma de pensar.
Pediatría es sin ninguna duda (para mí) la especialidad más bonita que existe y eso es debido principalmente, entre otras muchas cosas, a sus pacientes. Los niños son lo mejor. El mejor paciente que puede encontrar un médico, pues, salvo en raras ocasiones (niños mayores traviesos) el niño nunca miente. Y por eso, lo que a priori parece complicado por el tópico"el niño sólo llora y no habla, qué difícil" al final te acaba dando muchísima información sólo viéndole y explorándole.
El niño que viene por mocos, grita y patalea con fuerza en la camilla porque tiene miedo, pero que segundos antes le has visto jugando y correteando en la sala de espera con su padre, ese niño está bien casi seguro.
El bebé que no tiene ni fuerzas para llorar, que está quejoso, no come, y llora sin lágrimas porque está deshidratado: ese bebé está malo y te das cuenta enseguida. Por ello, el miedo que se crea en un principio al elegir o al comienzo de la residencia con ese tipo de cuestiones, se va borrando a los pocos meses, de verdad.
La gran mayoría de la patología aguda infantil es banal. Y eso puede ser visto como un punto negativo sobre todo a la hora de estar en urgencias o en un centro de salud. Pero tiene su lado bueno, y es que esa patología banal se cura, rápido. El niño enferma y se recupera, y eso es realmente muy agradecido.
Es cierto que hay cosas muy duras en pediatría. Y los enfermos crónicos, o los agudos con patologías graves son muy complicados de llevar. A mí me imponen muchísimo. En alguna ocasión he tenido que salir de una habitación con lágrimas en los ojos por no poder aguantar y he llegado a casa con un sentimiento de angustia...
¿Cómo explicar...? Nos pasa mucho.
Ser sensible no es malo. Hay que saber canalizar las emociones en cada momento, pero creo que un pediatra sensible, es un pediatra con
empatía, y con la capacidad de ponerse en el lugar de sus pacientes, algo que yo creo es una virtud, aunque en ocasiones se sufra un poco.
Los padres... son una parte fundamental de la relación médico-paciente pues son los que os van a contar el problema en la gran mayoría de casos. ¿Son horribles? ¿Son monstruos? ¿Unos pesados? No. La mayoría son comprensivos y son amables. Pueden estar asustados porque no saben qué le pasa a su bebé, pero si te pones en su lugar y les explicas las cosas con claridad, pueden ser verdaderamente muy agradecidos. Algún caso hay de conflicto, claro, por supuesto. Pero pensad que en medicina, en casi cualquier especialidad se trata con los familiares de los pacientes, y en ocasiones, la suegra de la mujer que está en paritorio en Ginecología, o la mujer del señor que está ingresado en Interna, o los hijos del ancianito que está en la UVI a punto de fallecer, pueden ser tan demandantes y tan complejos (o mucho más...), como los padres de un niño de 5 años.
En ocasiones se piensa que la pediatría es simplemente la medicina de familia de los niños y ya está. Y eso no es cierto. La pediatría es mucho más. Sí que tiene un componente muy fuerte la atención primaria, por supuesto, es esencial el manejo del niño en ese aspecto y creo que el pediatra de Centro de Salud es el pilar principal para el paciente pues es el que sigue al niño desde su nacimiento y durante todo su desarrollo. Pero el pediatra también debe ser un buen internista, para manejar los niños ingresados en la planta. También un buen intensivista para llevar los pacientes en la UCI. Hay que tener nociones de neonatología, pues los recién nacidos, y ya no digamos los prematuros, son un mundo a parte.

La Pediatría requiere una formación continua importante y un conocimiento amplio muy generalista de todo el conjunto de patologías que puede tener un niño. Existen a su vez todas las especialidades posibles dentro de la pediatría, numerosas ramas en las que se puede profundizar si se quiere. Técnicas, intervencionismo... Hay miles de opciones, pero intentando no perder de vista que la atención global del paciente es la que prima.
Una especialidad que te permite saber un poco de todo y quedarte en la parte generalista o profundizar en una subespecialidad e indagar hasta el más mínimo detalle de la enfermedad más rara que exista. Saber manejar un paciente tanto en una consulta como en una unidad de cuidados intensivos; explorar con las manos y un simple fonendo, o realizar punciones lumbares, ecocardios, intubaciones, coger vías centrales... Posibilidad de trabajo en Atención Primaria y en el Hospital...
Por todo ello y por mucho más...
La Pediatría es la mejor especialidad :)